El conflicto global con Irak:

La visión de los candidatos presidenciales en Argentina

El Centro Simón Wiesenthal produjo un informe especial en el que solicitó opinión de los principales candidatos a presidente de la República Argentina, en las elecciones del próximo 27 de abril, respecto al conflicto Irak-Estados Unidos. Jorge Altamira (Partido Obrero), Elisa Carrió (Alternativa para una República de Iguales), Néstor Kirchner (Partido Justicialista), Carlos Menem (Partido Justicialista) y Leopoldo Moreau (Unión Cívica Radical) respondieron el cuestionario común a todos y Alfredo Bravo y Ricardo López Murphy hicieron llegar sus comentarios.

¿Cuál debería ser, en su opinión, la posición Argentina con relación al conflicto global con Irak?

Altamira: El gobierno argentino debe oponerse resueltamente a una guerra contra Irak, sea en la forma de un ataque unilateral dirigido por Estados Unidos, sea bajo la forma de una resolución de la ONU. Además, debe exigir el levantamiento de todas las sanciones contra Irak y el cumplimiento a rajatabla del principio de la autodeterminación de las naciones. Por último, debe apoyar la autodeterminación nacional del pueblo del Kurdistán turco, iraquí, iraní, sirio y ruso.

Carrió: La posición argentina debiera ser la del respeto del derecho internacional y el sostenimiento de los esfuerzos de los organismos internacionales por preservar la paz. En otras palabras, apegarse a la letra de la resolución del Consejo de Seguridad 1441 y sus antecedentes sobre desarme de Irak, y sumarse a los esfuerzos de la gran mayoría de la comunidad internacional de evitar una acción bélica de los EEUU por fuera de lo que decida el Consejo de Seguridad.

Kirchner: La adoptada por el gobierno nacional de ayuda humanitaria y no participación en el conflicto bélico.

Menem: Que el Consejo de Seguridad hiciera cumplir las 17 resoluciones formales sobre desarme de Irak de los últimos 12 años.

Moreau: La Argentina debe adoptar una posición de “neutralidad activa”, política esgrimida por los gobiernos radicales a lo largo de su historia. La posición debe ser de irrestricto acatamiento a las decisiones de las Naciones Unidas ya que es ella el marco institucional que mantiene vigente al derecho internacional. Así, negar el arbitraje y autoridad del Consejo de Seguridad ante el inminente veto de Rusia y Francia a la propuesta angloamericana de declarar la guerra contra Irak, significaría el fin del orden mundial tal y como lo conocemos. La Argentina debe articular todos los medios para mantener este orden y para que el terrorismo sea eficazmente combatido a partir de la mancomunión del mundo libre. Así, la historia de la participación activa de la Argentina en el sistema internacional nos obliga a ser muy cuidadosos y evitar tomar decisiones irresponsables, cuyas consecuencias serían insospechadas. Así, la pregunta que debemos hacernos es: más allá del daño irreparable que un no acatamiento a los designios del Consejo de Seguridad acarrearán al orden mundial, cómo será el escenario posbélico.
Ciertamente, podemos pensar en un escenario similar al de Yugoslavia en 1992, ya que para uno similar al de Japón en 1945 los Estados Unidos, inmersos en una gran crisis económica y preparándose para una elección presidencial, no cuentan con los recursos necesarios. Existen, además, varias similitudes entre el caso de los Balcanes y el iraquí. En primer lugar, ambos cuentan con fuertes movimientos separatistas y con pueblos vecinos que están dispuestos a tomar las armas para recuperar lo que, entienden, les pertenece. Un Estado corrupto y una justicia débil no parecen ser aptos para liderar la reconstrucción de la Nación. De más está decir que el apoyo externo para esta tarea deberá ser colosal.
En el caso yugoslavo fueron decenas de miles de efectivos militares los desplegados en la región durante casi una década, miles de expertos y técnicos provenientes de todo el mundo, y más de cien billones de dólares tuvieron que ser invertidos. A pesar de esto, falta mucho por hacer. Sería bueno preguntarse, cómo los Estados Unidos y el Reino Unido se están preparando para esta realidad.
En la mañana siguiente a la salida de Saddam se precisará asistencia internacional en gran escala. Los costos de una reconstrucción infraestructural son inmensos, algo que dejó a Europa y Estados Unidos exhaustos tras la guerra de Afganistán, incomparablemente inferior en tamaño a la próxima. La actitud francesa y alemana permitiría predecir la posición de la Unión Europea para la reconstrucción iraquí post-Saddam. ¿Pensarán los Estados Unidos repetir el desastre provocado en Bosnia? Ciertamente, atacar, expulsar a Saddam y retirarse no es una posibilidad. No se puede cometer el mismo error y la Argentina debe colaborar en el intento internacional de mantener la cordura y el orden mundial.

¿Qué opina acerca de la decisión del gobierno argentino de mantenerse neutral?

Altamira: El gobierno argentino no ha decidido una posición de neutralidad sino de apoyo a una ocupación anglo-norteamericana de Irak. El apoyo llamado humanitario prometido por el gobierno argentino tiene el carácter de una asistencia a una acción militar. Repudiamos el alineamiento del gobierno argentino con los gobiernos agresores.

Carrió: La posición argentina fue evolucionando en la medida que crecía la coalición de países contra la guerra y se constataba que la gran mayoría de la opinión publica mundial, y la de nuestro país inclusive, se oponía firmemente al conflicto. Debemos recordar que en septiembre de 2002, el canciller Ruckauf en un encuentro casual con el Presidente de Estados Unidos, le manifestó que la Argentina respaldaba el ultimátum a Irak que había lanzado en su discurso ante la Asamblea General. Esto motivó una fuerte reacción –el Bloque del ARI presentó un pedido de interpelación al Ministro- y el Canciller Ruckauf y el mismo Presidente Duhalde debieron aclarar la posición argentina. Incluso después hubo declaraciones ambiguas y contradictorias de parte de diversos funcionarios sobre la cuestión, tales como que nuestro país aportaría “ayuda humanitaria” o “cubriría” con tropas argentinas allí donde los EEUU debieran desplazar las propias para afrontar la invasión a Irak.

Kirchner: Sujetarse al derecho internacional no es ser neutral. Es acertada y democrática en la medida que respeta la voluntad absolutamente mayoritaria del pueblo argentino.

Menem: La Argentina no puede volver a la neutralidad después de los atentados ocurridos en 1992 y 1994. Fuimos agredidos por el terrorismo internacional y debemos estar en la primera línea de combate contra este flagelo.

Moreau: Por lo antedicho, considero acertada la decisión argentina de mantenerse neutral. Sin embargo, insisto en el hecho de que debe ser una neutralidad activa y no pasiva, decidida mas no retórica, protagónica y no testimonial. El acatamiento a la Resolución 1441 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la manifiesta actitud neutral no equivalen a avalar al régimen iraquí, así como el gobierno del Presidente Alfonsín no avalaba el gobierno de Pinochet cuando firmaba el Tratado de Paz y Amistad con Chile. La necesidad de la paz y el respeto a la soberanía de los estados es una cuestión y otra muy diferente la cuestión específica del régimen político iraquí. La posición de neutralidad activa permite actuar en ambos escenarios con responsabilidad.

¿Cómo interpreta la neutralidad en el marco del compromiso argentino de resolver los ataques terroristas contra la Embajada de Israel y la AMIA?

Altamira: El apoyo del gobierno argentino a la guerra contra Irak de ningún modo contribuirá al esclarecimiento de los atentados a la embajada de Israel y de la AMIA, como tampoco ayudó a ese fin las relaciones carnales del gobierno de Menem con Estados Unidos. La razón es: a) que una parte importante del establishment de seguridad argentino está comprometido en la ejecución de esos atentados; b) que existe un encubrimiento de los hechos por parte de las principales potencias involucradas, por razones geopolíticas y diplomáticas.

Carrió: La “neutralidad” en el conflicto con Irak nada debiera tener que ver con el compromiso de resolver los ataques terroristas contra la Embajada de Israel y la AMIA, ya que para esto último se requiere de una Justicia independiente, eficiente y comprometida con la búsqueda de la verdad y un poder político respetuoso de la independencia judicial pero que, a la vez, coadyuve activamente en lo que le corresponde, a la labor de la justicia. Ninguna de las dos cosas existió en la Argentina en los últimos años y es por eso que siguen sin resolverse.

Kirchner: No encuentro vinculación posible y lógica entre los esclarecimientos de los ataques a la AMIA y la Embajada de Israel – identificación y castigo a los culpables- y la participación en una guerra. Es más, el juez de la causa AMIA, Dr. Juan José Galeano, ha formulado como hipótesis que los dos atentados terroristas que sufrió la Argentina podrían tener relación con la política exterior llevada adelante por Carlos Menem, léase envío de tropas al Golfo y alineamiento acrítico con la política de los Estados Unidos en Medio Oriente.

Menem: Reitero, no hay neutralidad posible. Los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA fueron (hasta el 11 de septiembre del 2001) los más cruentos ocurridos en occidente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Como delitos contra la humanidad, son imprescriptibles y debemos investigar hasta las últimas consecuencias.

Moreau: La Argentina debe condenar a la dictadura iraquí y al culto personalista de Saddam Hussein. Sin embargo, el informe presentado el 14 de febrero y el 4 de marzo último por Hans Blix ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas evidencia un creciente grado de colaboración iraquí en el proceso de desarme. Así, en el ámbito del Consejo de Seguridad no existen razones fehacientes y exhaustivas para pensar que Irak constituye una amenaza, máxime si tenemos en cuenta el embargo y control internacional al que estuvo sometido durante la década pasada. La vinculación entre Irak y el terrorismo, a los ojos de las Naciones Unidas, resulta altamente hipotética y dudosa, con lo cual no existe relación directa con el compromiso argentino de resolver los ataques terroristas contra la Embajada de Israel y la AMIA.
Por su parte, estas investigaciones deben contar con todo el apoyo político e institucional ya que inciden en acciones criminales de extrema gravedad. Para esto se debe respetar al Poder Judicial, evitando que la causa se politice. El Estado debe considerar el apoyo a la causa y su necesidad de resolución como una política de Estado, ya que esta actitud le permitirá tomar los recaudos para que algo así no se repita nunca más.

¿Qué relación establece usted entre una acción militar en Irak y la lucha contra el terrorismo?

Altamira: Una acción militar contra Irak reforzará el terrorismo internacional, de la misma manera que lo reforzó la guerra de la CIA contra la Unión Soviética en Afganistán, de donde salieron los Bin Laden y los talibanes. La guerra será ejecutada en gran parte por organizaciones de mercenarios, que son los nidos del terrorismo. Organizaciones privadas de ese tipo tienen a su cargo hoy numerosas guerras en Africa y América Latina, e incluso el interrogatorio de los detenidos por el atentado del 11 de septiembre.

Carrió: Nada tiene que ver una cosa con la otra. Esa es la intención de los EEUU. El Secretario de Estado Colin Powell intentó sin éxito alguno demostrar ante el Consejo de Seguridad la conexión de Saddam con el terrorismo y no lo logró, sencillamente porque el régimen Baasista que Saddam encabeza, si bien es personalista y dictatorial, no es fundamentalista como lo fuera el régimen iraní, sino laico. El fracaso de los EEUU en capturar a Osama bin Laden -que sorprendentemente desapareció de los medios y de los discursos oficiales norteamericanos- y de destruir a la red Al-Qaeda, mueve a los “halcones de Washington” a poner a Irak al frente de las prioridades de seguridad, incluso por sobre una amenaza mucho mas concreta y manifiesta como la de Corea del Norte. En realidad los EE.UU. están presentes en el Golfo para proteger su acceso a los recursos energéticos de la región (gas y petróleo), y Saddam representa una amenaza a esos intereses.

Kirchner: Puede ser funcional al terrorismo en la medida que pueda ser presentada y, lo que es peor aún, ‘sentida’ como una agresión al mundo musulmán. La lógica del terrorismo es ‘tanto peor, tanto mejor’, o sea causar caos y barbarie para que la reacción sea simétrica y en cierto modo legitimante de su ‘causa’ y le permita sumar adeptos. La lucha global contra el terrorismo y la victoria estratégica que el orden mundial y racional debe tener en la misma exige comprender esa lógica para combatirla exitosamente, porque lo único que no se puede hacer con un caníbal es comérselo.

Menem: Siempre hay que tratar de evitar la guerra. Si esto no fuera posible es una magnifica oportunidad para consolidar las Naciones Unidas. Para que esto ocurra, el Consejo de Seguridad debe asumir su responsabilidad y efectuar, primero, un ultimátum para alentar el desarme en forma inmediata. Si Saddam se negara, las operaciones deben realizarse bajo el mando y el paraguas de las Naciones Unidas, buscando devolver la soberanía iraquí a su pueblo en el plazo más breve de tiempo posible. La caída del tirano sería una clara advertencia para los terroristas y los Estados que aún los amparan

Moreau: La única relación existente es la que los Estados Unidos pretenden establecer. Si nos guiamos por su presentación en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y por las reacciones tanto de Francia a través del llamado “Operativo Mirage” de De Villepin como por la opinión pública internacional, la unánime conclusión deberá ser que no existe vinculación probada entre Irak y Al Qaeda. Los Estados Unidos pretenden combatir al terrorismo con el no acatamiento al derecho internacional. Esto es lo que hizo al postular su “teoría de la guerra preventiva”.
Lo mismo ha sido planteado por el anterior director de la CIA, James Woolsey, el 20 de septiembre del 2002, de la siguiente manera: “La nueva doctrina nacida de la lucha asimétrica existente contra el terrorismo es la teoría de la disuasión avanzada o de la guerra preventiva”. Dado que los terroristas pueden atacar en secreto en cualquier momento o lugar, la única defensa posible es “adelantárseles”. En otras palabras, es posible que los Estados Unidos ataquen sin pedir permiso a las Naciones Unidas. La lucha contra el terrorismo no puede convertirse en una excusa para acabar con el derecho internacional. La Argentina no puede avalar tamaña posición.

¿Qué consecuencias podría ocasionar a la Argentina mantenerse neutral en caso de producirse la guerra?

Altamira: Para eliminar el peligro de un tercer o cuarto atentado, lo que importa es el desmantelamiento del aparato represivo y de las organizaciones de espionaje del Estado, que son verdaderas cuevas de antisemitismo.
Carrió: Eso va a depender del escenario que se dé al final del conflicto. Si los EEUU triunfan en una acción unilateral, pues será el fin del derecho internacional y tendremos un mundo mucho más hegemónico, en donde todos los países que no hayan estado con los EEUU, habrán estado contra él y por lo tanto estarán en la lista de sus potenciales enemigos o simplemente, como en todos los regímenes imperiales, seremos los “bárbaros” mas allá de los límites del Imperio. Si los EEUU fracasan en su intento podemos aspirar a participar activamente en consolidar los mecanismos multilaterales del sistema internacional y esperar a la vez que haya un cambio de orientación en la política exterior y de seguridad de los EEUU a partir de las elecciones del 2004.

Menem: Nosotros tenemos terroristas en nuestro propio sub-continente. Y tenemos la combinación de narco-terrorismo que genera una fuente inagotable de recursos y sería un problema de penetración en las fuerzas políticas y de seguridad. Debemos organizarnos para dar una batalla decisiva en nuestra propia región, asumiendo plenamente nuestra responsabilidad dentro de las instituciones de integración sudamericanas.

Moreau: En momentos como estos, la política exterior Argentina ha sabido adoptar posturas más allá de las conveniencias coyunturales. Acatar el derecho internacional es una cuestión de principios.
Esta postura es coherente con la tradición de la política exterior radical. Similar a la que Yrigoyen oportunamente adoptara frente al hundimiento de un buque mercante por parte de los alemanes, o frente a la invasión americana a Santo Domingo cuando un barco argentino que portaba los restos de Amado Nervo, se negó a saludar el pabellón norteamericano. Es esa neutralidad activa la que ejerció Yrigoyen al retirarse de la Liga de las Naciones en favor de la vigencia plena del derecho internacional. En esta tradición, fue Illia quien se negó en 1964 a mandar tropas a Santo Domingo y propició la adhesión argentina al Movimiento de No Alineados. Coherente con esta línea de conducta, Alfonsín incorporó como actor protagónico a la Argentina en el Grupo Contadora para evitar una guerra civil en Nicaragua, firmó el Tratado de Paz y Amistad con Chile y finalmente, consagró el Mercosur como un instrumento de negociación e inserción estratégica internacional.
En todo caso, las consecuencias que enfrentará la Argentina serán las mismas de aquellos países que como Alemania, Rusia y Francia, adoptaron una posición similar y responsable.•

Ricardo López Murphy
La posición de la Argentina debería estructurarse en base a los siguiente pilares: apoyamos todas las iniciativas de la alianza occidental para impedir la proliferación de las armas de destrucción masivas, el ingreso irrestricto de los inspectores al territorio iraquí, el respeto por parte de Irak de todas la resoluciones de las Naciones Unidas y el apoyo a las resoluciones vigentes y futuras del Consejo de Seguridad.
La Resolución 687 de 1991, en donde se establece el cese del fuego, obliga a Irak a aceptar incondicionalmente y bajo supervisión internacional la eliminación de sus armas de destrucción masiva. Es claro que Irak no ha cumplido con esta obligación y sigue desafiando a la Comunidad Internacional y a la autoridad del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No sólo no contribuye a evitar la proliferación de armas de destrucción masiva, sino que además sigue siendo un régimen despótico que viola los derechos humanos más elementales. Creo que Irak debe ser obligado a cumplir con la obligación establecida en la Resolución 687.
Adicionalmente, el 8 de noviembre de 2002, el Consejo de Seguridad adoptó por unanimidad la Resolución 1441, dándole a Irak otra oportunidad para cumplir con sus obligaciones. Las inspecciones han logrado ciertos avances y deben continuar, pero para que se produzcan resultados concretos Irak debe deponer su actitud reticente y brindar la cooperación necesaria, como se lo exige la Resolución 1441. De no ser así, habría que pasar a otra instancia.
No obstante, el uso de la fuerza es el último recurso y, para asegurar su legitimidad, debe ejercerse de acuerdo con las normas del Derecho Internacional, en particular la Carta de las Naciones Unidas, y con la autorización del Consejo de Seguridad.
La Argentina debe apoyar lo que decida el Consejo de Seguridad. La neutralidad del gobierno argentino no se justifica si el uso de la fuerza es autorizado por la Comunidad Internacional a través del Consejo de Seguridad. De la misma forma, la Argentina no puede ni debe permanecer neutral ante el terrorismo global. La lucha contra este flagelo debe darse globalmente y todos los países afectados deben actuar de forma mancomunada. Los ideólogos y los perpetradores de actos de terrorismo deben ser perseguidos y llevados ante la justicia, hasta las últimas consecuencias.
La Argentina es miembro pleno de la Comunidad Internacional y debe acompañar sus decisiones conforme a lo establecido por las normas del derecho internacional. El haber sido víctima en el pasado de infames atentados terroristas no puede ser esgrimido como justificación para no enfrentar nuestras responsabilidades históricas.•

Alfredo Bravo
Soy un hombre de la paz, de la democracia y de la defensa activa e irrestricta de los derechos humanos. De ello da prueba mi dilatada trayectoria pública que, en algunas de sus instancias supo coincidir con las preocupaciones que dan razón de ser a la institución que representa. Esto último hizo que espontáneamente aceptara contestar las preguntas que el Centro Simon Wiesenthal me remitiera en relación con la inminente guerra contra Irak que impulsa el presidente de EE.UU. Sin embargo, una relectura más atenta del cuestionario me ha enfrentado con preguntas que en su formulación incluyen conceptos que son, en sí mismos, opiniones. Pongamos como ejemplo de lo dicho, la caracterización de esta instancia bélica como conflicto global contra Irak.
Responder a una pregunta que incorpora tal concepto, me llevaría a una polémica previa. Debería yo decir que lo caracterizado como conflicto global contra Irak, es para mí una desfachatada acción imperialista ejecutada por la dirigencia de la nación más poderosa del planeta que se propone afianzar su dominio sobre el conjunto de la humanidad.
Por cierto, es incómodo polemizar con quien nos pregunta en torno a lo que nos está preguntando. Por eso he decidido no responder puntualmente a cada pregunta sino fijar mi posición ante la actual crisis que pone en peligro la paz y la seguridad en el mundo.

Al respecto, debo consignar que:
• Junto a la comunidad democrática internacional condeno al régimen dictatorial que impera en Irak.
• Junto a la comunidad democrática internacional condeno la actitud del gobierno de los Estados Unidos de llevar adelante una invasión armada sobre el territorio de Irak con las terribles consecuencias que una acción de ese tipo acarrearía sobre el pueblo de ese país.
• Junto a los diputados nacionales de nuestro país sostengo que “la República Argentina debe promover activamente los acuerdos que procuren la solución pacífica del conflicto, en coordinación con los países de América Latina y en todos los foros multilaterales donde participe”.