Un símbolo de paz

Pese al callejón sin salida al que la política belicista de Ariel Sharón y la necedad de Arafat (y los grupos palestinos) han arrastrado a las poblaciones del Medio Oriente, la paz es posible. El llamado “Acuerdo de Ginebra” conducido por políticos e intelectuales palestinos e israelíes, reunidos en el más absoluto secreto durante más de dos años en Ginebra (Suiza) demuestra -finalmente- que la civilidad, por afuera de la ceguera de los máximos dirigentes de turno, puede lograr una plataforma sustentable y posible para tratar de conquistar una vida digna y en paz para ambos pueblos. El Acuerdo de Ginebra contó, al momento de suscribirse -un histórico 1 de diciembre de 2003-, con el respaldo de más de 700 líderes mundiales y el apoyo, según sondeos realizados, de más de la mitad de la población israelí y palestina.

Entre los promotores del Acuerdo de Ginebra, se encontraban los siguientes dirigentes de Meretz Israel: Jaim Orón, Abu Vilan, Zehava Galón, Anat Maor, Nomi Jazán, Ilán Guilón, Guiora Furman, Yair Tzabán, Mussi Raz, Yulamit Aloni, Eleazar Granot y Gavri Bargil; también estuvieron invitados, a la firma, los presidentes de Meretz Francia, David Fuks; y Meretz Italia, Bruno Sed.

Si bien el plan, hoy por hoy, es un símbolo de paz, dado que no fue negociado oficialmente, el espaldarazo recibido puede darle el suficiente viento como para hacerlo llegar a las costas de sus gobiernos.
Precisamente, la vigencia del Acuerdo de Ginebra radica en que fue gestado independientemente del poder político, es realmente soberano frente a la encrucijada en la que se encuentran Sharón y Arafat (dos leones a la hora de la lucha… y del sin sentido cuando anuncian más violencia).
El Acuerdo de Ginebra muestra que es posible otra instancia, que hay otros interlocutores, que se puede entablar un diálogo con códigos diferentes a los de la lucha armada, las bombas, los asesinatos selectivos, las piedras y la ocupación.
El Acuerdo de Ginebra lanza otra clase de piedra: la de fundar otra corriente de opinión pública alternativa en ambos pueblos, en empezar a levantar la moral de la catástrofe y escapar del laberinto sin salida propuesto en las arenas de los viejos del desierto.
Ahora hace falta la voluntad de los políticos para que escuchen y levanten este otro guante.
Como bien afirmaron, más que convencidos, el ex ministro israelí de Justicia Yossi Beilin y el ex ministro palestino de Información Yasir Abed Rabbo, este Acuerdo puede ser «el último destello de razón en la región, y la única solución posible».•