Inseguros

¿De qué nos estamos cuidando? ¿En qué red semántica colocamos la seguridad? ¿Con qué la queremos asociar? ¿Quiénes pueden violar la seguridad de un pueblo? ¿Y dónde empieza y termina nuestro pueblo? ¿Empieza? ¿Termina?...
Algunos interrogantes que despiertan los muros –físicos y simbólicos- que construimos entre el adentro y el afuera comunitario.

Por Darío Sztajnszrajber

La pregunta por la seguridad en la comunidad judía argentina no es una pregunta lineal. No lo es porque la cuestión de la seguridad no es una cuestión lineal. Enmarcar semánticamente el tema de la seguridad bajo un solo campo conceptual es toda una decisión. Las palabras significan siempre en el encadenamiento en el que se hallan inscriptas. No hay términos sueltos porque no hay sentidos sueltos. Pensar que las palabras son autónomas ya es toda una decisión. Y por ello ya es toda una conceptualización que no es inocente, porque nada ni nadie es inocente. No hay mayor dependencia semántica de otras nociones, de otros intereses, que aquellas palabras que se presentan de modo lineal. No hay ideología más expuesta que la neutralidad. No hay parcialidad más manifiesta que aquella que se presenta como verdadera.

Las palabras construyen redes semánticas, entretejen tramas. Una palabra refiere a la otra y por ello no refiere a esta otra. Hablar de la seguridad en la comunidad judía enla Argentinaparece tener que ver con los atentados ala AMIAy ala Embajadade Israel (en ese orden). Parece tener que ver con la posibilidad de que haya nuevos atentados y parece tener que ver con la sensación de desprotección generalizada que se vive a partir de los atentados. Hablar de seguridad en la comunidad judía argentina parece linealmente tener que ver con ello. Y parece tener que ver por eso con la edificación de los pilotes, con los sistemas exacerbados de seguridad privada, con las solicitudes de documentos, con los interrogatorios, con la portación de rostro, con la certificación de judeidad.

A ver, que quede claro: en nuestro país, a nuestra comunidad, le pusieron dos bombas. Nos hicieron explotar con dos bombas. Nos volaron a pedazos. Y mientras no haya justicia, nuestros muertos nos siguen exigiendo. Seguimos muriendo y la justicia plena y la memoria activa son las únicas formas de redimir a los muertos. Está más que claro. Nuestra identidad judeo-argentina o argentino-judía se va elaborando con esa fisura, con ese quebranto, con esa pendencia que nos abroquela una vez más para los adentros. Las bombas desataron la reacción lógica de una historia que se configura desde el encierro cuando se ve atacada. Los judíos nos encerramos detrás de nuestros pilotes reclamando al estado argentino por más seguridad. Pero los judíos también nos encerramos detrás de nuestros pilotes para vivir nuestra vida judía resguardados por nuestros sistemas de seguridad.

 

Identidad en gajos

Los judíos nos encerramos detrás de nuestros pilotes, pero vivimos también por fuera de los pilotes. De un lado somos judíos argentinos seguros y del otro lado somos argentinos judíos también seguros. Cuando somos judíos estamos expuestos y cuando somos argentinos estamos asegurados. Los pilotes desgajan nuestra identidad. La resquebrajan una vez más. Después de los atentados parece no poder vivirse más la vida judeo-argentina o argentino-judía en su mixtura constitutiva. El pilote te divide y te remarca en qué lugares solo puede manifestarse lo judío y en qué lugares lo argentino.

Y además, en las puertas de las instituciones se encuentran los nuevos administradores de la identidad que son aquellos que certifican que la parte judía (de esa identidad requebrajada) es válida y puede ingresar al mundo judío. ¿Quién está habilitado para entrar y quién no? ¿Quién es un posible sospechoso? ¿Qué se mira en el documento?: ¿un apellido? ¿Y si dice Gómez debo dar más explicaciones? ¿Y si soy negrito? ¿Y si soy plomero? ¿Y si mi mamá es judía y mi papá se llama Gómez? ¿Y si me cambié el apellido y me llamo Gómez porque se me canta? ¿Y si no quiero mostrar el documento, pero me sé de memoria todas las bendiciones, todos los Salmos y el listado de judíos destacados en el mundo? ¿Qué criterio me abre la puerta y me salva del cacheo? ¿A qué le tenemos miedo? ¿De qué nos estamos cuidando? ¿En qué red semántica colocamos la seguridad? ¿Con qué la queremos asociar? ¿Quiénes pueden violar la seguridad de un pueblo? ¿Y dónde empieza y termina nuestro pueblo? ¿Empieza? ¿Termina?…

Algunas reflexiones (sin conexión aparente…): en algunas comunidades del interior, la mayor participación de jóvenes judíos se produce colaborando en los sistemas de seguridad. Aunque la estadística indique que la mitad de los hogares judíos son mixtos, en general las instituciones comunitarias siguen considerando al judío que no es hijo de madre judía, un judío de segunda. En muchas instituciones comunitarias, el presupuesto volcado al personal y tecnologías de seguridad es tanto que no permite el desarrollo sostenido de las áreas social, educativa e incluso religiosa. Ser parte de la comunidad judía es cada vez más patrimonio de aquellos que pueden pagar una cuota…

No hay preguntas lineales. Vivimos en un país en el que se considera mayor potencial de inseguridad a un trabajador jujeño viviendo en una villa que a un odontólogo de clase media que mató a su familia. Vivimos en una comunidad judía que teme más la contaminación de aquellos que quieren ser judíos sin someterse a las prácticas unilaterales de conversión religiosa institucional que a los judíos genuinos que han producido descalabros políticos, económicos y financieros. ¿Cuánta inseguridad real no ha sido cacheada por usar traje y apellido judío y a cuántos Gómez hemos detenido y maltratado?

Una cultura viva es una cultura despreocupada por el encierro. Vivo está aquel que crece en el contacto permanente con el otro. Vivo está el que abre y vivo está el que pelea. ¿De qué quiero, en definitiva, estar seguro? ¿Qué quiero asegurarme? No se trata sólo de potenciales nuevos atentados. Se trata de mucho más. Se trata de un estilo, de una forma de vida, de una política, de una ética. ¿Qué tipo de vida judía nos asegura el detrás de los pilotes? ¿En qué red conceptual decidimos entramarla? ¿A quién de verdad deberíamos temer?