Macri se queda sin argumentos

El ex embajador de Israel en la Argentina, Rafael Eldad, negó que haya recomendado a Jorge El Fino Palacios para que encabece la Policía Metropolitana. Ese fue siempre el argumento de Mauricio Macri, quien reiteradamente sostuvo que la Embajada de Israel le dio el visto bueno considerando a Palacios como un policía del máximo nivel y amigo de Israel.

Macri nunca mencionó qué funcionario de la delegación diplomática hizo la recomendación, pero su mano derecha, Marcos Peña, reveló en el sitio de Internet Noticias Urbanas que el respaldo provino de Eldad. “Me extraña mucho este tema, no quiero entrar en ninguna polémica que haya ocurrido en Buenos Aires, pero la verdad es que, ni conozco, ni sé quién es Palacios. Creo que debe haber una equivocación”, afirmó el ex embajador y actual responsable de las comunidades judías de América Latina del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel. Todo esto revela
la increíble sucesión de improvisaciones y disparates de Macri y apunta a lo que efectivamente
ocurrió: delegó la seguridad en Palacios y Palacios hizo lo que acostumbraba a hacer, incluyendo espionaje y corrupción. Primera cosa elemental de Mauricio. Si yo voy a la embajada de Israel, Estados Unidos, Rusia o la que fuere y les pido, confidencialmente, una opinión sobre Fulano, después no puedo revelar en forma pública que fui a pedir la opinión confidencial. Más todavía
si Fulano terminó procesado y en prisión. La respuesta de Eldad y de Israel era obvia: “nosotros no tenemos nada que ver”. Un jefe de Gobierno no puede actuar de esa forma chapucera.

Pero lo más grave fue la designación de Palacios en sí misma. En primer lugar porque estaba a punto de ser procesado por encubrimiento en la causa AMIA. Esa medida, que parecía cantada, fue después adoptada por el juez federal Ariel Lijo. Incluso más allá del procesamiento, ya el Tribunal Oral que intervino en el caso del atentado, fue lapidario en la evaluación de Palacios. Dijo que la investigación fue una vergüenza y que llevó a pistas falsas. ¿Macri quería a alguien con semejante antecedente para jefe de la Metropolitana? Obvio que sí. Al mismo tiempo, El Fino fue ejectado de la Policía Federal porque registraba una llamada con Jorge Sagorsky, un reducidor de autos, que luego fue condenado a seis años y seis meses de prisión en el marco de la causa por el asesinato de Axel Blumberg. Como corolario, una pericia psiquiátrica realizada por la justicia en el marco de un expediente en el que pidió su reincorporación a la Federal, estableció que  ¬ępresenta daño moral que le ha generado secuelas psíquicas incapacitantes que determinan un daño psíquico total, que está en plena evolución y tiene carácter permanente”.

Hay un marco general de la causa de las escuchas. Macri lo puso a Palacios y está claro que Palacios, junto con Ciro James, espiaron a Sergio Burstein. El Fino quería saber qué hablaban Burstein y el fiscal Alberto Nisman. Esto podría ser simple negligencia de Macri. Pero entran en juego otros ingredientes:

*Cuando se descubre la escucha a Burstein y está claro que el origen es Palacios, Macri no sale a despegarse del Fino. No dice: “que barbaridad, ¿cómo pudo cometer ese delito?, etc. No, hasta ahora lo defiende.

*En el expediente se descubre que desde la empresa de Palacios, se pidieron informes económicos sobre dirigentes del gremio de municipales, de opositores a Macri e incluso de macristas. Otra vez: Macri sigue sin acusar a Palacios.

*Aparecen en la causa las escuchas al cuñado de Macri, Daniel Leonardo. Está bien, Mauricio sugiere que fueron por encargo de Franco. ¿Pero Palacios espió a Leonardo sin comentarle siquiera el asunto a su gran jefe? No parece probable.

*Por último, James aparece contratado por el Ministerio de Educación porteño. Puede ocurrir, mala suerte. Justito contrataron al tipo que espiaba al cuñado de Mauricio. ¡Pero se probó que no hacía ningún trabajo! Ya las casualidades llegan a un límite.

A esta altura, es de una pobreza llamativa que Macri siga con el argumento de que todo es un armado del kirchnerismo que maneja los jueces. En verdad, ocurre lo contrario: Mauricio le da una respuesta política, tratando de aglutinar a los que tienen un sentimiento anti-K, a una cuestión en la que hay pruebas que, al menos hasta ahora, no puede contrarrestar en el terreno de las pruebas.