¿Se puede ser fascista y racista y al mismo tiempo judío? Pensábamos que no. Pero Ben Gvir y Smotrich nos demostraron que sí.

Podemos decir que la composición ideológica del Israel actual tiene al asesinato de Rabín como momento fundacional, que fortaleció a los sectores más extremistas y retrógrados de la sociedad israelí, aquellos que vieron en Netanyahu el líder que necesitaban para fortalecer su posición y poder real. Quienes se alegraron con el asesinato vinieron ahora a reclamar una parte significativa de la “herencia” política, mientras sectores importantes de la sociedad israelí miran para un costado y se niegan a aceptar que lo ocurrido en los últimos meses puede significar la cancelación del proyecto sionista tal como está reflejado en la Declaración de la Independencia, leída y aprobada el 14 de mayo de 1948.
Por Yaacov Rubel

Podemos decir que la composición ideológica del Israel actual tiene al magnicidio como momento fundacional, que fortaleció a los sectores más extremistas y retrógrados de la sociedad israelí, aquellos que vieron en Netanyahu el líder que necesitaban para fortalecer su posición y poder real.

Quienes se alegraron con el asesinato vinieron ahora a reclamar una parte significativa de la “herencia” política, mientras sectores importantes de la sociedad israelí miran para un costado y se niegan a aceptar que lo ocurrido en los últimos meses puede significar la cancelación del proyecto sionista tal como está reflejado en la Declaración de la Independencia, leída y aprobada el 14 de mayo de 1948.

 Por Yaacov Rubel

Muchos ciudadanos de Israel no tomaron conciencia de las terribles consecuencias del asesinato de Rabin en la vida política y social de los ciudadanos israelíes. El meta mensaje de este magnicidio fue, “Todo el que intente llegar a un acuerdo de paz con los palestinos correrá la misma suerte”

Su asesinato fortaleció, paradójicamente, a los sectores más extremistas y retrógrados de la sociedad israelí, que vieron en Netanyahu el líder que necesitaban para fortalecer su  poder real e influir negativamente en aspectos esenciales de la sociedad israelí y su futuro.

Los resultados de las últimas elecciones han demostrado que el poder real ya no está concentrado sólo en Netanyahu, sino también en las manos de dos matones que se asumen como judíos ortodoxos y que no tienen ninguna vergüenza en mostrar con hechos concretos, y no sólo con palabras, que son fascistas, xenófobos y racistas. Y, lo que es aún más grave, que ninguno de los dos Grandes Rabinos Ortodoxos de Israel haya salido a criticarlos, porque sus actitudes y conductas se contradicen totalmente con la cosmovisión humanista de la religión judía y con conceptos básicos de la Torá y el Talmud.

El proceso que se fue gestando a partir del asesinato de Rabin trae a mi memoria la escena descripta en el libro Reyes 1, cuando Adonai convoca al profeta Elías para ordenarle que se presente ante el Rey Ajab, que aceptó que Nabot sea asesinado para quedarse con su viñedo e interpelarlo: “Haratzajta vegam iarashta“(¿Asesinaste y también heredaste? (Reyes 1, cap. 21, Versículo 19) 

Quienes se alegraron con el asesinato de Rabin vienen ahora a reclamar una parte significativa de la “herencia” política, mientras sectores importantes de la sociedad israelí miran para un costado y se niegan a aceptar que lo ocurrido en los últimos meses puede significar la cancelación del proyecto sionista tal como está reflejado en la Declaración de la Independencia de Israel leída y aprobada el 14 de mayo de 1948.

La irrupción de los Ben Gvir y los Smotrich en la vida política israelí y en las consecuencias negativas para la democracia israelí no deja más alternativa que resistir, tanto en Israel como en las comunidades judías de la diáspora.

Duele tomar conciencia de que cuando el próximo mes de febrero se cumplan 90 años del acceso de Hitler al poder en Alemania, las ideas de odio y discriminación que predicó siguen vigentes en muchos países. Y lo que es todavía más insólito es que tengan seguidores judíos en el propio Estado de Israel

La lucha contra personajes siniestros como Ben Gvir y Smotrich debería ser una tarea conjunta de los ciudadanos israelíes que se sienten identificados con la idea de vivir en un país judío, democrático y respetuoso de los derechos humanos y las comunidades judías de la Diáspora encabezadas por Estados Unidos y Gran Bretaña.

En este contexto, corresponde recordar que el primer acuerdo de paz con un país árabe (Egipto) fue firmado por Menajem Beguin, primer ministro del gobierno de Israel y líder indiscutido del partido Likud, y el presidente egipcio, Anwar el Sadat. Este acuerdo fue firmado en la Casa Blanca el 26 de marzo de 1979, con el patrocinio del presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter.

Quiero dedicar mi última reflexión a Netanyahu, que no tuvo ningún reparo en constituir su gabinete con ministros corruptos, como Arye Deri, y con violentos provocadores con antecedentes penales, como Ben Gvir y Smotrich, que ya recibieron críticas directas de dirigentes comunitarios judíos de Estados Unidos y Gran Bretaña, como así también del presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

Me parece pertinente cerrar este artículo con la admonición del Rav Yehoshúa a Rabán Gamliel:

אוי לו לדור שאתה פרנסו ואוי לה לספינה שאתה קברניטה (בבלי, מסכת ברכות 28א)  )

Si Rav Yehoshúa pudo criticar de esa manera al Gran Rabán Gamliel, puedo permitirme decírselo  a Netanyahu: Ay de la generación de la cual tú eres su conductor y ay del barco del cual tú eres su capitán… (Talmud de Babilonia,Tratado de Brajot, pág 28a)