Reinterpretando Janucá

Cada época cuenta la historia como necesita oírla, respondiendo a sus experiencias, y a los desafíos de las fuerzas culturales, ideologías y los distintivos estilos de comportarse en la vida y la sociedad. Janucá manifiesta hoy el deseo de los judíos de ver su historia como algo constante. Al contar una historia de persecución y luego de redención proporciona un paradigma histórico que puede ayudar a reflexionar el presente, independientemente del grado del cumplimiento de los principios religiosos de cada uno.

Por Yerahmiel Barylka *

Janucá es ideal para responder al deseo de ver nuestra historia como consecuente reflejo del valor de la libertad en el mayor sentido de la palabra. Ese es un bien que hoy, tristemente, ha dejado de ser una constante. En muchos espacios geográficos es únicamente un anhelo casi imposible, y la voz judía no es audible en su defensa.

En momentos en los que escribo estas líneas, oigo que Mohsen Shekari ha sido ejecutado a primera hora de esta mañana, jueves 8 de diciembre, después de que fuese condenado a muerte el 29 de noviembre por hacer “guerra contra dios”. Shekari es el primer manifestante ejecutado por su participación en las protestas que sacuden Irán desde la muerte de Mahsa Amini, a mediados de septiembre, tras ser detenida por la Policía de la moral por llevar mal el velo islámico.

Janucá, con el encendido de las velas, sus canciones, alimentos y celebraciones centradas en la familia y la comunidad, también puede satisfacer la necesidad de volver a implicar a los judíos desafectos, y a los ignaros que no son pocos, y de mantener a los niños y jóvenes judíos entusiasmados con sus raíces y sus valores.

Al contar una historia de persecución y luego de redención, Janucá proporciona hoy un paradigma histórico que puede ayudar a reflexionar el presente, independientemente del grado del cumplimiento de los principios religiosos.

A lo largo de dos milenios, Janucá ha servido para narrar la historia de los macabeos, de forma que satisfizo las distintivas necesidades de las sucesivas generaciones.

Cada época cuenta la historia como necesita oírla, en respuesta a sus experiencias, pero también cómo son desafiadas por las fuerzas culturales, ideologías y los estilos distintivos. Janucá responde hoy al deseo de los judíos de ver su historia como algo constante.

La cuestión es que las iteraciones anteriores de la fiesta reflejaban las necesidades distintivas de períodos sucesivos, los judíos de hoy pueden reinterpretar Janucá a la luz de las circunstancias contemporáneas, y a la extravagancia de la Navidad, convertida en fiesta de consumo que determina el color de la calle en los países cristianos.

Aunque Janucá tiene 2.200 años de antigüedad, es una de las fiestas más recientes del judaísmo, una celebración anual que ni siquiera aparece en la Biblia hebrea. El acontecimiento histórico en el que se basa se narra en los libros posbíblicos de los Macabeos, que ni siquiera son considerados parte de la Biblia. El Talmud, pone el acento en la dedicación del Templo de Jerusalén en contraste con la historia de la resistencia militar.  A partir de entonces, en lugar de conmemorar directamente la victoria de los macabeos, Janucá celebraba el milagro del aceite.

Esto se simboliza encendiendo una «Menorá» o «Janukiá», con una vela encendida la primera noche de la festividad y una vela adicional añadida cada noche hasta que, en la noche final de la festividad, se encienden los ocho brazos.

Recordemos que, basada en el modelo grecorromano de celebración de un triunfo militar, Janucá se instituyó en el año 164 a.e.c. para celebrar la victoria de los macabeos, un ejército de judíos desarrapados, contra el ejército mucho más poderoso del rey Antíoco IV de Siria.

En el año 168 a.e.c., Antíoco prohibió las prácticas judías y obligó a los judíos a adoptar rituales paganos y asimilarse a la cultura griega. Una manera muy sutil de acabar con ese pueblo díscolo y turbulento, empeñado en no perder su identidad.

Los macabeos se rebelaron contra esta persecución. Tomaron Jerusalén del control de Antíoco, eliminaron del Templo de Jerusalén los símbolos del culto pagano que Antíoco había introducido y reiniciaron el culto sacrificial, que Antíoco había profanado e infringido con el apoyo de no pocos judíos.

Sin embargo, el triunfo militar duró poco. Los descendientes de los macabeos -la dinastía jashmonea- violaron sistemáticamente su propia ley y tradición.

La práctica restó importancia a la idea de que los judíos debían o podían cambiar su destino mediante la acción militar. Lo que se necesitaba, no era la batalla, sino la perfecta observancia de la ley moral y los preceptos de la Torá.

Janucá debía verse como la conmemoración de un milagro ocurrido durante la rededicación del templo por los macabeos: la historia que ahora se contaba era cómo una vasija de aceite del templo, suficiente para un solo día, había sostenido la lámpara eterna del templo durante ocho días completos, hasta que se pudo producir aceite adicional ritualmente apropiado.

Y en nuestros días, ¿Nos quedamos con la tradición gastronómica de alimentos aceitosos, y el reparto de monedas para los niños o con cotillón parecido al de nuestros vecinos?

O, ¿nos animaremos a hacer la ceremonia del encendido de las velitas, frente a nuestras ventanas para publicitar el milagro que todavía existimos unidos a nuestra historia y nuestras tradiciones?

Janucá es un momento ideal para invitar a nuestros familiares y amigos para diseñar el acento que deseamos ponerle a esta fiesta pequeña y lograr hacerla un punto de partida para nuestro regreso a nuestro ser.

No nos faltan temas para tertuliar, como por ejemplo el crecimiento del antisemitismo y la intolerancia en nuestros días, la galopante asimilación, el militarismo que se despliega en Europa y provoca tantas muertes, miseria y hambre, sin que nadie reaccione.

¿Son los eventos deportivos muy hermosos llamados Juegos Macabeos, una actividad que se puede enmarcar en el espíritu de Janucá o su negación?

¿Los judíos dispersos por el mundo podrían levantar las banderas para lidiar exitosamente por la continuidad judía?

Existiendo un Estado soberano judío, ¿tienen espacio para opinar desde afuera sin asumir ninguna responsabilidad ni pagar ningún tributo?

Janucá, hoy nos invita a jornadas de profunda reflexión intelectual y espiritual a la tenue luz de pequeñas candelillas para decidir qué Fiesta de las Luces deseamos nos ilumine.

Jag Janucá Sameaj!

* Rabino