Latinoamérica:

Evo, el flanco izquierdo

Treinta y tres años después del golpe que derrocara a Salvador Allende, la izquierda regresó a Sudamérica. A tres meses de asumido su gobierno, Evo Morales cumplió sus promesas preelectorales y tomó una medida que sorprendió al mundo, al nacionalizar los recursos energéticos de Bolivia. Sucede que hasta el momento, los discursos y el perfil izquierdista de los gobernantes que comenzaron a tomar el poder en la Latinoamérica del Siglo XXI, no pareció ser más que una necesaria medida de marketing frente al agotamiento del modelo neoliberal en los países de la región, pero que poco efecto tuvo en sus gestiones.

Por Julián Blejmar

Posiblemente, estos presidentes no hicieron más que seguir el camino de uno de los dogmas sobre los que se sostiene la teoría neoliberal, el de la “copa que derrama”. Así, luego del crecimiento experimentado durante la pasada década en términos de Producto Bruto Interno, que significo importantes progresos en tecnología fabril, informática, agropecuaria, y de telecomunicaciones, pero prácticamente nulos en relación a los beneficios que estos avances significaron en el grueso de la población, había llegado la hora a “apurar el derrame”, por lo que las ventajas acumuladas durante los noventa -sumadas a un inesperado aumento de los commoditties- se trasladaron en moderados beneficios para las clases más postergadas, y fue así como varios países de la región comenzaron a ver disminuidos sus índices de pobreza. De lo que se trató, en definitiva, fue de prestar una mayor atención a aquellos aspectos que habían sido postergados en los ´90, aplicando la misma lógica tecnocrática que en la década pasada.
Incluso Venezuela, el país considerado por muchos como el mayor exponente de la izquierda Sudamericana, en los siete años del gobierno de Chávez, sólo había promulgado una ley hace 5 años mediante la cual el Estado se haría cargo de “terrenos improductivos o baldíos” o que “no contengan documentos debidamente verificados que determinen propiedad privada».
Sólo hace dos meses atrás, cuando empezaron a regir nuevas normas apoyadas en una ley de 2001 y en la Constitución, las empresas petroleras privadas que operan en el país, debieron comenzar a pagarle al Estado un 16,6% de regalías y un 50% sobre las utilidades, además de estar obligadas a asociarse a la petrolera estatal PDVSA y dejar que esta monopolice su venta. Los rendimientos continúan siendo tan altos para las empresas, que la medida no impidió que 17 empresas se apuraran a firmar los nuevos contratos de explotación.

Reflejos rápidos

Morales no se tomó tanto tiempo. A tan sólo 90 días de asumida la presidencia, anunció la nacionalización de los recursos, lo que paradójicamente tuvo como reacciones más negativas las del ex sindicalista y Presidente del Brasil, por el Partido de los Trabajadores, Lula da Silva, y del Primer Ministro español por el Partido Socialista Rodríguez Zapatero, quienes vieron afectados los intereses de sus países -Petrobrás y Repsol YPF respectivamente- en el país del altiplano.
Bolivia es el segundo reservorio gasífero más importante de la región, pero sólo posee gas natural el 2% de su población. Muy probablemente, el gobierno de Morales no pueda prescindir de la operativa y el conocimiento técnico de las compañías privadas que se dedicaban a la explotación de las reservas gasificas, pero, a partir de las medidas tomadas, podrá negociar condiciones de extracción y comercialización que redundarán en mayores beneficios para el Estado boliviano, algo parecido a la quita lograda por Kirchner en la negociación por la deuda externa, con la salvedad que el cambio de reglas -default- argentino, no fue una decisión política, sino tomada por la misma realidad que hacía imposible el pago a los acreedores.

Por la vuelta

Los ortodoxos de la teoría económica ya han lanzado sus vaticinios: las medidas tomadas por Morales solo lograrán alejar a quienes piensen invertir en Bolivia, lo que significará, en un mundo globalizado, peores condiciones de vida para los bolivianos. Lo cierto es que las políticas desarrolladas en Bolivia hasta el momento, han significado que más del 60% de su población continúe sumergida en la pobreza.
Sólo el tiempo demostrará si las medidas tomadas por Morales se traducirán en una mejora real para el grueso de los habitantes en Bolivia o si, por el contrario, significarán una inestabilidad aún mayor para el país más castigado de toda Latinoamérica. Pero un dato parece ser incuestionable: Evo Morales ha significado el retorno de la izquierda a Sudamérica.