Se inició la Semana de la Memoria a 9 años del atentado a la AMIA

Memoria Activa pidió “Justicia Ahora”

Bajo la consigna “Justicia Ahora”, esta fría mañana porteña (del 14 de julio de 2003) se inició la Semana de la Memoria en la que se desarrollarán diferentes actos conmemorativos de los 9 años del atentado terrorista a la AMIA. En este caso, y como ya es costumbre, frente al Palacio de Tribunales, la agrupación Memoria Activa organizó su encuentro de todos los lunes. Ante más gente que de costumbre los oradores centrales fueron: el periodista y Presidente del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) Horacio Verbitsky, el abogado querellante por Memoria Activa Pablo Jacoby; Estela de Carlotto (Presidente de Abuelas de Plaza de Mayo) y Diana Malamud por los familiares agrupados en Memoria Activa.

Entre los presentes se encontraban el Premio Nóbel Adolfo Pérez Esquivel; Vera Jarach, Madre de Plaza de Mayo y Abraham Kaul, Presidente de AMIA (cuya presencia fuera destacada por los organizadores –si bien Kaul ya estuviera presente en otros años- como muestra de un cambio producido en el vínculo entre la institución y la agrupación Memoria Activa).

“Justicia y repudio social”

Verbitsky afirmó que “estas reuniones son las que mantienen vivo el reclamo. Muchas de las impunidades que parecían inamovibles comienzan a ceder frente a las medidas del nuevo gobierno”.
“Estos reclamos deben resistir de generación en generación hasta que la Argentina quede libre y muchos responsables queden sometidos a la acción de la justicia y el repudio social”.

“Hay que seguir la lucha por el Nunca Más”

Estela de Carlotto, a su turno, y por sus propias experiencias, aseveró que “la vida nos va marcando fechas de alegría, llanto y congoja. Fechas que marcan episodios, como el que estamos recordando hoy. El atentado a la AMIA fue a todos los argentinos”.
“La justicia vendrá, pero aunque venga la tendremos que seguir cuidando para que no vuelva a pasar. Nuestra historia nos obliga a dejar a los jóvenes la responsabilidad sobre la no repetición de la barbarie. En eso estamos las Abuelas hasta el fin. Hay que seguir la lucha por el Nunca Más”.

La dureza

El discurso duro, esta vez, no estuvo en la vos estricta de un familiar, sino en la del abogado Pablo Jacoby, representante de los familiares nucleados bajo la querella que representa a Memoria Activa.
Jacoby se expresó así:
“Memoria Activa se creó a la semana de ocurrido el atentado de la AMIA, pero adquirió relevancia nacional e internacional cuando los familiares advirtieron que el juzgado de Galeano y el Estado Argentino no estaba investigando satisfactoriamente y que las instituciones comunitarias no exigían con firmeza la averiguación de la verdad.
Así fue que se reclamó porque no se profundizaban las investigaciones, porque se direccionaba equivocadamente el rumbo de la pesquisa, porque no se seguían pistas que involucraban al poder o a los amigos y parientes de Menem.
Se denunció entonces que hubo un asombroso acuerdo de impunidad entre el juez, AMIA, DAIA, Menem, Ruckauf, la SIDE, la policía, y Beraja que incluyó los generosos redescuentos del banco central. Fue memoria activa quien históricamente denunció las interferencias de la SIDE en la investigación, o directamente su participación en el encubrimiento de la verdad .
Fue memoria activa quien pidió que se abran los archivos secretos del estado, que declaren los agentes de la SIDE: en fin, que se investigue seriamente y que se sepa la verdad.
Y ello le costó soportar denigraciones y acusaciones de AMIA y DAIA que decían que de esa manera se ponía en peligro la investigación.
En el juicio oral, aunque parezca mentira, la DAIA defendió mantener el secreto de la SIDE y se opuso a la convocatoria de sus agentes, porque adujo que se ponía en peligro la seguridad del Estado cuando ni siquiera los fiscales que representan al Estado se animaron a tanto.
Ahora entendemos porqué nos criticaban con tanta virulencia: no estaban preocupados por la investigación, estaban preocupados porque apareciera la verdad.
Una verdad que los dejara mal parados, evidenciando las alianzas y pactos vergonzosos que están surgiendo claramente a la luz.
Tanto así que ahora AMIA, con una conducción aggiornada, aquí esta el Licenciado Kaúl que celebro haya venido, ante la evidencia indisimulable de los hechos y las pruebas que van apareciendo en el juicio oral y por la consiguiente presión de los familiares y de la propia comunidad, se distancia de DAIA y levanta las consignas que Memoria Activa reivindicó en soledad desde el año 1997.
Memoria Activa tiene una fortaleza única: solo nos interesa encontrar la verdad, ese es nuestro único compromiso. No defendemos intereses empresariales ni sectoriales, ni eleccionarios, ni políticas de otros países.
Y esta búsqueda de la verdad y la justicia, sin compromisos ni componendas, es percibida por toda la sociedad argentina que reconoce los lunes de Memoria Activa en esta plaza Lavalle a las 9.53 horas como un espacio democrático, y como una tribuna en la que los mas diversos sectores de la sociedad se expresan contra cualquier pensamiento autoritario.
Fue Memoria Activa, bajo la conducción jurídica del Dr. Alberto Zuppi, y con el patrocinio del CELS, quienes efectuaron la denuncia ante la comisión interamericana de derechos humanos.
Así, conjuntamente con Horacio Verbitsky, Victor Abramovich y Andrea Pochak, llevamos adelante el trámite ante la comisión denunciando la responsabilidad del Estado Argentino en la no investigación del atentado.
Así logramos que se enviara un veedor al juicio oral para garantizar la transparencia judicial a la que estábamos desacostumbrados con tanto testigo de identidad reservada, con tantos legajos secretos, con tantas cortinas de humo, con tanta obstrucción policial y política y de organismos de inteligencia.
Ahora estamos en la etapa de juicio oral y publico, que se inició en septiembre de 2001, o sea hace 22 meses.
El tribunal oral que interviene actúa con mucha profesionalidad y lo reconocemos.
Criticamos jurídicamente que no permitió como pedimos, la televisación en directo del juicio. Pensamos que la televisacion habría fortalecido la transparencia del proceso y que habría tenido un gran valor pedagógico y político, captando la atención de la sociedad. Todos los argentinos podrían haber conocido la actuación del juez Galeano”.

Familiares

Diana Malamud nuevamente tomó la voz de los familiares nucleados en Memoria Activa.
El siguiente fue su discurso completo:
“A 9 años del maldito lunes 18 de julio de 1994 nuestra bronca y nuestro dolor por todos aquellos que fueron asesinados en la AMIA, siguen de pie, intactos.
A 9 años de tanta muerte, un nuevo escenario político se nos presenta a los argentinos.
Por primera vez en 9 años un gobierno nacional parece asumir la causa AMIA como un tema de Estado.
Esto demuestra:
-Que siempre fue posible asumir la causa AMIA como un tema de Estado, ¿por qué nadie lo hizo antes?
-Que siempre fue posible abrir los archivos de la causa AMIA que se mantuvieron secretos, ¿por qué nadie lo hizo antes?
-Que no se traiciona a la patria por decir la verdad ante los tribunales de nuestro país permitiendo que los agentes de la SIDE testifiquen, ¿por qué nadie lo hizo antes?
-Que hoy puede haber una unidad especial de investigación descubriendo hechos que sucedieron hace 9 años y que muchos intentaron sepultar, ¿por qué nadie lo hizo antes?.
-Que hoy el Presidente de la Nación se comprometiera con Memoria Activa a abrir toda la información de todos los organismos del Estado, significa que siempre fue posible, ¿por qué nadie lo hizo antes?.
Qué tristeza la de los argentinos, que todas las cosas que deberían ser normales nos sorprenden y nos atemorizan. No le creemos nada a nadie. No confiamos en nadie, no creemos en promesas. Nos robaron hasta la esperanza. Vivimos resignados.
Somos un triste producto de décadas de corrupción, muerte, corporaciones, mafias, pobreza, tristeza y la más absoluta impunidad.
Aún en este contexto e inmersos en esta realidad, cómo cambian las cosas, la vida y la mirada, cuando esas muertes de las que hablamos y vemos por televisión golpean la puerta de nuestra casa.
La vida nos sentenció a muerte el 18 de julio de 1994 y desde entonces nuestras vidas tomaron un rumbo desconocido, incierto.
Tuvimos que salir a la calle a exigir justicia por nuestros muertos. Tuvimos que aprender, sin escuela y sin deseo, a lidiar con el enemigo. A escribir discursos, a hablar en público, a contestar una entrevista de radio, a preparar charlas y conferencias; a desarrollar acciones políticas y públicas.
Muchos suponen que uno debe escribir y decir cosas serias. Alguna gente piensa que uno (que no es escritor ni periodista ni nada de eso) puede escribir artículos y vomitar pensamientos serios y políticos como si fuera algo tan sencillo.
Tenemos el terrible trabajo de ser familiares de las víctimas.
Hasta nos encontramos en la necesidad de aprender de los intrincados y oscuros recovecos de la justicia
Nos obligaron a denunciar al Estado Argentino ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, y hoy está claro cuánta razón teníamos.
Nos intentaron aislar, nos amenazaron, nos acusaron, nos mintieron, nos vendieron, nos usaron, nos dividieron, pero no lograron callarnos.
468 semanas en esta plaza es mucho tiempo. Nuestras vidas cambiaron para siempre y ya nunca más volveremos a ser los mismos.
Lograron que comprendiéramos el valor de estar juntos, de agruparnos. Éramos y somos diferentes, nos unía y nos une el dolor, la muerte y la voluntad de encontrar la verdad y la justicia.
Entendimos que tal como lo hicieron las madres, las abuelas, los periodistas, las familias catamarqueñas, los vecinos de Santiago, los trabajadores, los desocupados, y tantos otros, debíamos unirnos para enfrentar la impunidad.
Y pese a que entre todos sumamos muchos, qué solos nos sentimos casi siempre.
Fueron años de denuncias en soledad frente a los poderosos. Hoy nos invade una sensación paradojal, no nos alegra comenzar a comprender porqué ocurrió la masacre en AMIA ni la confirmación de tantos años de denuncias.
De pronto se confirman las pruebas de que el estado argentino y sus fuerzas de seguridad sabían, con anterioridad al 18 de julio, que el atentado iba a ocurrir. Y ya no hablemos de la embajada de Israel, con sus veintipico de muertos y cero verdad.
No solamente Wilson Do Santos lo había alertado, sino que el embajador argentino en Líbano envió a la Cancillería de nuestro país un facsímil con la información.
No hay dudas del camino que esta información recorrió, no hay dudas de que llegó a donde debía llegar: a las fuerzas de seguridad, a los servicios de inteligencia y seguramente al ex Ministro del Interior Carlos Ruckauf y al ex presidente Carlos Menem. Y aún así volaron la AMIA.
Desde 1997 venimos acusando a Menen, a Duhalde y su maldita policía, a Ruckauf, a Anzorreguy de encubrir la conexión local.
Hoy, más que nunca, los acusamos de ser los máximos responsables de que la masacre ocurriera, por saber y ocultar, por saber y no prevenir, por saber y no evitar.
Y así se puede entender por qué el juez Galeano, al volver de Venezuela, después de pasar por Olivos calló para siempre.
Y así se puede entender por qué banqueros y dirigentes, usando su cargo comunitario, eligieron callar para siempre.
Y así nos podemos preguntar cómo se explica que la DAIA haya sido la única parte dentro del juicio oral que salió en defensa del secreto de los espías de la SIDE, ¿qué temen? ¿Le temen a la verdad?, ¿porqué?.
Todos ellos son culpables de que hoy, a 9 años, los asesinos de nuestros familiares no tengan rostros ni nombres, y por supuesto de que estén libres.
¿Cómo le explicamos a nuestros hijos que era posible evitarlo y no lo hicieron?
¿Cómo nos explicamos a nosotros mismos que la posibilidad de ver entre rejas a los asesinos se va esfumando con tantos años de silencio e injusticia?
¿Cómo le explicamos a los padres que enterraron a sus hijos que construyeron una trama mafiosa para encubrir su propia ineficiencia, impericia, indiferencia e incapacidad?
Tenemos derecho a preguntarnos quién más lo sabía, quién más lo calló, quién o quiénes usufructuaron sus silencios, quién negoció, quién más encubrió.
Tenemos derecho a exigirle al juez Casanova, del Consejo de la Magistratura, que cumpla con su deber, que los argentinos no le pagamos el sueldo para defender intereses corporativos y que de inmediato dé curso a la denuncia de juicio político al juez Galeano.
Como se dice en tribunales, es público y notorio, el juez Galeano fue parte, con su desastrosa investigación, de la cadena de encubrimiento, que nos lleva hoy, a 9 años, a no saber la verdad. Su responsabilidad es mayor frente a la sociedad, porque como Juez de la Nación nos negó el derecho a la justicia.
Y así como el agua orada la piedra, nosotros no nos callaremos hasta que se haga justicia de verdad, hasta que estén entre rejas los responsables por acción u omisión del asesinato de nuestros familiares y amigos en la calle Pasteur.
Este es nuestro compromiso.
Porque queremos un país mejor, porque necesitamos una justicia justa e igualitaria que de fin una vez por todas con la corrupción y la impunidad.
Porque creemos que esto es posible y para que el dolor de tantos no se repita nunca más”.