Opinión:

“Liberen a Barghouti”

Durante mediados de los ´90, Marwan Barghouti y su amigo íntimo Qaddoura Fares comenzaron varias reuniones con representantes del campo de la paz israelí. Ellos se presentaron como personas comprometidas en convertir el proceso de Oslo en un acuerdo de paz entre Israel y Palestina en mayo de 1999, la fecha que había sido determinada en las negociaciones bilaterales. Barghouti y Fares vinieron como líderes jóvenes, seguros, cuyos largos años en la prisión los habían hecho inmunes a la crítica de excesivo pacifismo o cooperación con Israel. La generación de Al Fatah que ellos representaron se consideró a sí misma preparada para apoyar el acuerdo de paz una vez que fuera firmado, incluso ante Hamas y las otras organizaciones del rechazo que se habían empeñado en frustrar todo acuerdo definitivo...

Por Yossi Beilin (*)

El acuerdo de estatus permanente, como es ahora bien conocido, no se firmó en mayo de 1999 como había sido determinado.
Cuando Ehud Barak reemplazó a Benjamín Netanyahu como Primer Ministro, él firmó un acuerdo adicional con Yasser Arafat consecuente con la firma del acuerdo de estatus permanente que fue diferido para septiembre de 2000.
En mayo de 2000, cuando yo estaba sirviendo como Ministro de Justicia en el gobierno de Barak, Barghouti y Fares pidieron encontrarse conmigo. Ellos me advirtieron que no había ninguna indicio de que un acuerdo podría alcanzarse en septiembre, y me dijeron que si para ese tiempo no se había tomado ningún paso significativo se alzaría una insurrección popular, un levantamiento que ellos podrían liderar para impedirle a Hamas despertar la calle palestina contra la Autoridad Palestina.
Yo les advertí y les dije que nosotros teníamos una rara oportunidad de alcanzar un acuerdo de estatus permanente en un futuro próximo. Si violencia estallaba en medio de ese proceso les dije, que entonces sería casi imposible completar el proceso de paz.
Aproximadamente dos años después, me encontré con Fares, uno de los negociadores palestinos del ‘Acuerdo de Ginebra’. Cruzamos caminos de nuevo en octubre de 2003, cuando ambos nos hicimos signatarios del acuerdo.
Con Barghouti, en cambio, no encuentro con él desde nuestra conversación en el 2000, cuando advirtió sobre el levantamiento inminente (la Segunda Intifada). Lo he visto en las pantallas de televisión. Una vez, incluso, debatimos en la BBC, aunque desde estudios diferentes. Le dije que él no era el mismo Barghouti que había conocido casi una década antes.
Yo entendí que él había sido arrastrado al círculo vicioso de violencia para competir con Hamas, y que no supo cómo detener la Intifada que él mismo había iniciado. Entretanto, miles de palestinos, estaban matándose, y Hamas estaba solo se fortalecía más y más.
Barghouti fue arrestado y llevado a juicio, los jueces no tuvieron otra elección que declararlo culpable. La evidencia de que él era responsable de dirigir actos terroristas fue apabullante, y su castigo fue de acuerdo con lo determinado. Nunca reconoció la autoridad de lo tribunales israelíes para procesarlo, y no estuvo preparado para defenderse.
Desde que fue enviado a prisión, su estatus sólo ha crecido. Hoy es el líder más popular en Cisjordania y Gaza. Mahmoud Abbas (Abú Mazen) pudo correr solo como el candidato de Al Fatah para la presidencia Palestina porque Barghouti -desde la prisión- se bajó de las elecciones.
Desde su celda en la cárcel, Barghouti estuvo involucrado en todas las discusiones que llevaron al cese de las hostilidades de este año (en febrero de 2005) entre las facciones palestinas. Y desde la prisión continúa liderando la política. Casi todas los líderes del gobierno palestino y muchos israelíes hacen peregrinaciones para verlo.
Su victoria aplastante en las primarias de Al Fatah -obtuvo el 85% de los votos en Ramallah- confirma lo que los estudios de opinión pública han mostrado en los recientes años: Marwan Barghouti es el ganador sin oposición y el líder más popular de la Autoridad Palestina.
Barghouti será liberado. Ello tendrá lugar casi ciertamente como parte de un acuerdo de estatus permanente. Ello podría ocurrir como parte de un intercambio de prisioneros con una organización como Hezbollah.
Así que, si va a ser liberado, sería preferible hacerlo ahora. Una vez que Barghouti esté libre, podrá unirse a Abbas y ayudarlo a gobernar los territorios bajo el control de la AP.
Si Israel está interesado en un socio palestino fuerte que sea capaz de administrar ley y orden y pararse frente a Hamas, ésta es una buena oportunidad.
Barghouti no es ningún santo, y hay toda razón para argumentar que él es responsable, siquiera indirectamente, por el asesinato de personas inocentes. Sin embargo, casi todos los conflictos similares al nuestro se acaban cuando esos responsables por instigar la violencia firman un acuerdo.
Y cuando alguien nos pregunte -como ellos inevitablemente harán después que liberemos a Barghouti- cómo nosotros podemos mirar a los huérfanos y las viudas a los ojos, les diremos que nuestro trabajo es impedir que siga aumentando el número de futuros huérfanos y viudas.