Argentina:

Desigualdad y fragmentación en la vida cotidiana

Barrios cerrados, policías privados, vigilancia paga en las esquinas de las zonas de mayor poder adquisitivo, perros, alarmas, edificios con custodia, llaves en los ascensores, escuelas de diferentes grados de calidad, zonas como Puerto Madero y Palermo Viejo de fiesta permanente y chicos pidiendo en las calles, mucho de ellos sostenes de hogares. Pago de peaje en los barrios marginales. Gente llenando restaurantes y tomando por asalto las ciudades turísticas. Chicos con cerebros destruidos por el ‘paco’, la pasta base de pésima calidad que se consigue por un peso. Cartoneros y piqueteros incorporados a la geografía urbana. Reactivación económica, economías regionales en franco tren de recuperación y 50% de trabajo en negro...

Por Hugo Presman

El grueso de la población ocupada vive con sueldos que los sitúan por debajo de la línea de pobreza.
Desocupación incompatible con una sociedad civilizada. Un mercado dominado por 500 empresas de las cuales el 63% son extranjeras y concentran el 78% del valor de la producción y el 93% de las utilidades.
Mientras crecen el PBI y las reservas, el superávit fiscal supera al comprometido con el Fondo Monetario Internacional, la distribución del ingreso desmejora, pasando la distancia entre el 10% más rico y el 10% más pobre de 28 a 31 veces del segundo semestre del 2004 al primero del 2005.
Un estudio de economistas del Banco Río, sobre una muestra de las 100 mayores compañías admitidas a cotizar en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, reveló que sus ganancias en el primer trimestre del 2005 superaron en un 53% a las del año anterior.
“El 84% de los resultados fueron generados por tan sólo 11 compañías. Y si excluimos a dichas empresas del cálculo, las ganancias de las 89 restantes, muestran un incremento de más del 150 %” (Clarín 26-07-2005, página 18).
Hambre y marginalidad africana con niveles de vida de los sectores concentrados del primer mundo.
La educación y el acceso a la tecnología acentuando las diferencias.
Argentina: un país que, como Colón, fue actor de una equivocación geográfica: creyó entrar al Primer Mundo cuando penetraba en lo más profundo de la América Latina explotada. Ahí donde estallan la fragmentación y la desigualdad.

Desigualdad y fragmentación I

La sección ‘Carta de Lectores’ de La Nación es -en general- un muestrario de la exteriorización de sectores, más o menos privilegiados, caracterizados por la incomprensión hacia los que no se encuentran en su misma situación. Católicos practicantes acuciados por el divorcio, el aborto, las uniones no tradicionales.
Nostálgicos del terrorismo de Estado. Vecinas cuya preocupación mayor pasa por la caca de los perros.
Ciudadanos que identifican seguridad con endurecimiento de las penas y mano dura policial. Lectores atrincherados en el respeto irrestricto de la propiedad privada, cultores del voto calificado, enemigos de las retenciones a las exportaciones, adoradores del mercado, propagandistas de la apertura irrestricta de la economía, denostadores del Estado. Adoradores de la constitución en lo referente al libre tránsito pero amnésicos al momento de recordar los demás derechos.
El domingo 31 de julio se publicó una carta que no difiere de otras del mismo tenor, bajo el título “Gauchos o piqueteros” cuyo texto es el siguiente: “Hernández sostuvo con su Martín Fierro que los gauchos merecían los mismos derechos que cualquier ciudadano, pero según se ha visto en la Argentina piquetera esto no se cumple. El 26/7 un grupo de nobles gauchos peregrinaban llevando una imagen de la Virgen María; otro grupo de manifestantes, supuestamente maestros, intentó cerrarles el paso, coartando las libertades más elementales. Un abuso más de los que nos acostumbró esta Argentina de los últimos tiempos, pero que quizás nos sirva para reflexionar acerca de cuál es el país que queremos: el de los gauchos (el del trabajo, la fe, la solidaridad, etcétera) o el de los piqueteros (violencia, corrupción, etcétera).
Lo que el Chaco nos mostró es el hartazgo de la Patria trabajadora que espera con nuestro gaucho Martín Fierro: “Y han de concluir algún día/ estos enriedos malditos/ la obra no la facilito/ porque aumentan el fandango/ los que están como el chimango/ sobre el cuero y dando gritos. Mas Dios -concluye don Martín- ha de permitir que esto llegue a mejorar. Al menos eso es lo que les pedimos a nuestros mayores”
Lo sorprendente resulta no el texto, sino los firmantes: Los alumnos del 9no. ‘A’ del Colegio Los Robles de Pilar, territorio que tiene la mayor cantidad de countries y barrios cerrados del país.
La supuesta educación de excelencia que reciben estos chicos es la que remata su visión condicionada por la mentalidad de ghetto. Su supina ignorancia proviene de la enseñanza que reciben, de la actitud discriminadora prohijada detrás de los muros que los encierran lejos del mundanal ruido y las patéticas miserabilidades sociales.
Martín Fierro es el gaucho que no encuentra lugar en un campo apropiado y dividido por alambres. Si los chicos de Pilar hubieran vivido en el siglo XIX, sus imprecaciones hubieran ido hacia al gaucho real que hoy reivindican en una lectura mal digerida de la creación de José Hernández, alguien que vivió de cerca lo que relata.
El piquetero es en general un obrero desocupado, cuyo padre es hijo de un cabecita negra que vino a Buenos Aires atraído por las mejores condiciones de vida surgidas por el desarrollo industrial. Era mezcla de inmigrante, criollo e indio. Es lo más cercano a lo que los jóvenes de Pilar creen enaltecer. La inmigración y la persecución del indio y el exterminio de los gauchos en las guerras civiles, cortó la posibilidad de una historia transmitida vía oral que desmintiera la escrita por el fundador de ‘La Nación’.
Los chicos del Colegio Los Robles se conmueven por quienes se disfrazan de gauchos y discriminan a los más directos descendientes de aquellos. Si prejuicios e ignorancia histórica se fusionan, el resultado -entre otras cosas- puede ser una carta de lectores de ‘La Nación’.
Según el biólogo Daniel Corach, director del Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Facultad de Farmacia y Bioquímica: “Tenemos un 60 % de la población con componentes genéticos amerindios. Es decir, con antecedentes indígenas… Esto es rechazado por la clase media… Tenemos, desde el vamos, una visión falsa de nosotros mismos, una visión que la genética desmiente categóricamente” (Pagina/12, 10-08-2005).
Fácil es de suponer que de ser conocida esta información científica entre los padres del Colegio Los Robles, en los barrios cerrados, los consultorios de los psicoanalistas de verían atestados de pacientes con conflictos de identidad.

Desigualdad y fragmentación II

En una sociedad fragmentada por la desigualdad, hasta los baños tienen restricciones.
Esto lo refleja una carta publicada en Página/12, el 2-08-2005: “Eduardo Galeano citando a alguien o en texto propio decía: “Si la mierda fuera oro, los pobres no tendrían culo. Pero los pobres tienen, no solo culo, sino también ganas de usarlo. Todo esto, que podría parecer burdo, cruel y de mal gusto, no lo es tanto como la realidad que registro cada día más acuciante; en Buenos Aires si no se dispone de algo de plata, o por lo menos de ropa ‘presentable’ no se puede ir al baño. Esto no es un eufemismo. Lo cierto es que no se permite el acceso al baño a la gente que no consume algo en el bar en cuestión; no tenga domicilio fijo o al menos una buena imitación; no apruebe el rápido pero no por eso menos denigrante chequeo de los empleados de las estaciones de servicio, que antes de conceder la privilegiada llave nos miran de arriba abajo, controlando la calidad de nuestras texturas; no se haya bañado en forma reciente; no disponga de otro medio de vida que reunir cartones y misceláneas; no disponga de edad, lucidez, facilidad y coraje en la palabra, suficientes para insistir en el pedido… Hay más categorías. También hay periodistas, asistentes sociales, funcionarios, políticos, etc, para investigarlas, ya que no paliarlas.
Es mucha, mucha, la gente que no reúne las condiciones imprescindibles para hacer pis y caca en otro lugar que no sea en la calle.
Al sacar entradas para los espectáculos infantiles del Teatro General San Martín, por ejemplo, nos encontramos con que los baños no estaban habilitados y que los bares próximos solo los habilitan a clientes. Éramos cuatro y al parecer sí reuníamos las condiciones necesarias y suficientes, pero nos informaron que el baño permanecía cerrado para evitar “que se llene de cirujas (sic)”. Mis nietos no conocían el término y pensaron en insectos extraterrestres. Les expliqué que los cirujas son gente como uno sin las texturas correctas. Que la categoría se va ampliando y un buen día nos incluirá. Y en mi condición de docente jubilada, me pregunto si con una jubilación próxima tal vez no cambien las características de mis ropas, la lucidez que me iba caracterizando, la orientación en el espacio y el tiempo necesarios para volver o encontrar algún rincón propicio y me vea obligada a no tener culo”. Firma: María Elena García Autino.

Desigualdad y fragmentación en la vida cotidiana

Barrios cerrados, escuelas exclusivas, pánico al diferente, baños con limitación de acceso. Algunas muestras de la desigualdad y la fragmentación en la vida cotidiana.
En una sociedad que rehuye el debate y lo reemplaza por el insulto y la descalificación entre sus representantes y los que aspiran a sucederlos.
Una sociedad que ha banalizado el pensamiento y en donde hay notas que hacen honor a aquella aseveración de Ana Frank “que el papel aguanta cualquier cosa”. Como esta perla del disparate que remata los anteriores transcriptos.
En una nota de opinión, Marcelo Gioffré, presentado como escritor, periodista y abogado, nos explica en ‘La Nación’ del 30 de julio la razón por la que ‘El Che’ proponía la guerrilla. Es textual con asombro incluido: “Como se sabe Guevara sufría de asma y nunca experimentó un ataque en medio de una batalla -quizás por la generación de adrenalina adicional- razón por la cual el propósito oculto de sus campañas, de su irrefrenable deseo de seguir luchando y apartarse de las tareas de escritorio, no habría sido otro que evitar esos espasmos bronquiales. Un motivo francamente espurio, cuya eventual confirmación dejaría mudos a tantos manifestantes que enarbolan su foto con la boina calada”.
Para estas deyecciones habría que mantener cerrados los baños.
¿Será ‘La Nación’ un baño que recibe estos excrementos? Bien lo dijo Sarmiento, en una frase acertada: “El título no quita las orejas”. Ni la educación y el ambiente social deben propender a que a los alumnos les crezcan las orejas. Si fuera así, se naturalizaría la desigualdad y la fragmentación.