Irán:

Gabinete intransigente

Momentos después de que fuera presentado al Majlis Islámico en Teherán, el primer gabinete del Presidente Mahmoud Ahmadinejad fue etiquetado por sus rivales, y por la mayoría de los que siguen los sucesos en Irán, como un grupo de “intransigentes” recolectados manualmente por el “Guía Supremo” Alí Jamenei. Behzad Nabavi, teórico de la formación Rafsanjani-Jatami que perdió las elecciones presidenciales frente a Ahamdinejad, ha descrito al gabinete como “una secretaria presidencial del guía supremo”. El autor de este artículo anticipa un apolítica poco feliz de Irán hacia Occidente.

Por Amir Taheri

Tras análisis, no obstante, se podrían considerar como las uvas de la ira por parte de una formación que no sólo afronta una pérdida de poder, sino un probable procesamiento bajo un abanico de cargos relacionados con la corrupción, la prevaricación y el crimen. De hecho, Ahmadinejad ha prometido publicar un informe exhaustivo del estado de la República Islámica en el momento de su acceso a la presidencia. Tal informe no puede ser sino la condena de las administraciones Rafsanjani-Jatami.
La verdad es que el gabinete de Ahmadinejad representa una nueva coalición de poder en la que Jamenei, lejos de ser el titiritero, emerge como una pieza entre muchas, aunque una pieza importante.

Inflexión

Las elecciones presidenciales del pasado junio representaron un punto de inflexión en la historia de la República Islámica por un conjunto de motivos. Esta era la primera vez en 25 años que un no-mulá se convierte en Presidente de Irán.
Alí-Akbar Hashemi Rafsanjani, el hombre derrotado en las elecciones, era uno de los dos favoritos dentro de la élite clerical en el poder, quien ha sido designado como un pilar del régimen desde 1979. Ese resultado inesperado fue posible por Jamenei, también mulá, que decidía abandonar su bando con turbante y aliarse con la nueva coalición de poder representada por Ahamdinejad.
¿Pero en qué consiste esta nueva coalición?
La composición del gabinete de Ahmadinejad proporciona algunas pistas:
La columna vertebral está formada por miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), un fuerte ejército paralelo de 350.000 miembros, si se tiene en cuenta a los veteranos, que representa una base popular de entre 2 y 3 millones de personas, incluyendo a las familias de los oficiales y a los hombres.
Esa base es ampliada, aún más, gracias a la Basij Mustazafín (Movilización de los Desposeídos), una fuerza paramilitar de alrededor de 4.500.000 de guerrilleros activos y reservistas.
De los 21 miembros del nuevo gabinete, al menos 8 tienen experiencia en servicio, o bien en el IRCG o en el Basij.
Casi todos los cargos vinculados a la economía y las finanzas han ido a parar a la corriente conocida como usulgara, o fundamentalista, que consiste en políticos y empresarios con fuertes conexiones con los bazares tradicionales. Ministerios clave como el de Seguridad, Justicia y el de Interior han ido a parar a particulares con bastantes años de servicio dentro de la presunta comunidad de inteligencia. Pero el gabinete también incluye algunos tecnócratas y funcionarios civiles profesionales, abarcando posiciones como el de ministro de exteriores. Al menos seis ministros pertenecen a la facción denominada Ithari (autosacrificio) de la que Ahamdinejad es miembro.

Cosas comunes

¿Qué tienen en común estas formaciones?
El primer ingrediente de su ideología es la firme creencia en que la República Islámica está destinada a jugar un papel histórico a la hora de movilizar al mundo musulmán contra lo que ven como “la remodelación del mundo por parte del Gran Satán norteamericano”.

El segundo elemento es la creencia de que la lucha contra el colonialismo y el neocolonialismo está lejos de haber finalizado y que, con la fase física del colonialismo hoy terminada, el mundo tiene que hacer frente a la amenaza del “imperialismo cultural”.

El tercer elemento en la ideología es el claro deseo de expandir la base del régimen al margen de los mulás que han monopolizado posiciones clave en el poder desde 1979. Esto se basa en la creencia de que los mulás en el poder han explotado el sistema y, habiéndose hecho ricos, ya no pueden compartir las aspiraciones revolucionarias de las masas pobres.

El cuarto elemento de esta ideología consiste en una firme creencia en el papel rector del Estado en la economía nacional. Esto no significa la eliminación del sector tradicional privado según lo representado por los bazares, que respaldaron a Ahamdinejad en las elecciones. Pero legitima el control estatal sobre casi el 70% del producto bruto interno (PBI), y asigna al Gobierno la tarea de redistribuir la riqueza de la Nación, especialmente los ingresos del petróleo. En la filosofía económica de la nueva coalición también destaca la autosuficiencia y la necesidad de controles estrictos sobre el comercio exterior y la inversión extranjera directa.

Fundamentalismo disfrazado

A la facción Rafsanjani-Jatami le gusta describirse como “izquierdista” y “reformista”, y ha etiquetado a la coalición liderada por Ahmadinejad como “derechista” o “conservadora”. Estas etiquetas son engañosas. La coalición Usuli-Itahri liderada por Ahamdinejad es fundamentalista, dedicada a una agenda revolucionaria, tanto en la política nacional como en la exterior.

¿Significa esto que es inevitable un choque entre Occidente y la República Islámica?

No necesariamente. Ahmadinejad dirige una coalición más controlada, y es apoyado por todos los órganos del Estado, incluyendo el “Guía Supremo”. Al contrario que Rafsanjani y Jatami, que fueron falsificaciones como revolucionarios y como reformistas, Ahmadinejad es un producto genuino y no tiene necesidad de provocar crisis exteriores para sostener sus credenciales fundamentalistas. La nueva coalición también cree que puede jugar una larga partida contra sus enemigos (reales o imaginarios) y puede, por lo tanto, ser más predecible en su política exterior.