Opinión:

Sobre fundamentalismos

“Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno” Profunda verdad, sabiamente expresada en este refrán popular. Verdad que, en resumidas cuentas, expresa lo esencial de cualquier fundamentalismo. Como en tantas dinámicas sociales, como en tantas expresiones de la vida colectiva, su razón última puede rastrearse en el microcosmos de lo individual, de la psicología de cada sujeto que integra la masa. Es una incuestionable verdad psicológica que, a escala individual, la tolerancia, la aceptación del otro distinto, no es fácil. Para ello es preciso vencer condicionamientos culturales que ven siempre en lo diverso algo amenazante...

Por Marcelo Colussi

Todas las experiencias conocidas enseñan que un niño de color negro, a temprana edad, no ve un peligro o una abominación en otro niño blanco, o viceversa.
Y ningún niño judío odia ‘per se’ a otro similar musulmán.
Todas las actitudes de segregación se constituyen en el curso de los años, cuando se asumen los patrones culturales en donde cada quien se cría y deviene adulto. Por lo tanto: no hay razón natural alguna que las justifique.
Lo curioso (o patético quizá) es que el fenómeno humano va casi indisolublemente de la mano de esas actitudes; se requiere de un esfuerzo intelectual para poder criticarlas y tomar distancias de ellas.
Las religiones, como los patrioteros, todos, se basan en una pretendida apología de la superioridad, o del bien y del amor en tanto valores supremos, terminan siendo las actitudes más intolerantes, discriminando, odiando a muerte a sus no seguidores.
Lo cual lleva a pensar en su legitimidad como construcción ética. El ecumenismo es un buen intento pero, definitivamente, no tiene la delantera en la historia de las pugnas interreligiosas.
La verdad es una construcción humana, relativa, mediatizada, coyuntural. Cuando se cree haberla alcanzado en forma absoluta se está en el campo del fundamentalismo.
Todo indica que caer en él es más fácil de lo que parece.

La crítica y la duda

El fundamentalismo, como expresión de una supuesta obtención de la verdad absoluta, si bien aparece con mayor claridad y frecuencia en el ámbito religioso, no es patrimonio exclusivo del mismo.
Existe fundamentalismo cuando se pierde la noción de crítica, de duda. El fundamentalista no duda. Esto se puede ver en diversas expresiones.
Las patrias y las religiones lo posibilitan más que otras, seguramente porque se ofrecen como garantía completa de una superioridad étnica o de un reino perfecto. Pero puede aparecer en cualquier espacio humano: las ideologías, llevadas a su grado extremo, son otros tantos fundamentalismos.
Si algo aportó el pensamiento moderno que dio como resultado la aparición de la ciencia, es precisamente su duda metódica, su irreverencia para con todo, su búsqueda insaciable de la verdad que es preciso apurarse a aclarar: es infinita, dado que no hay verdad final a la espera de ser encontrada.

Lo absoluto

El fundamentalismo es absolutamente contrario a esto. Se siente dueño absoluto de una verdad que no puede ponerse en duda; su actitud es profundamente intolerante.
Hoy, si bien el desarrollo de las tecnologías occidentales nos hace vivir el sueño de un progreso monumental que puede resolver todo problema que se le ponga por delante, asistimos a un período de fundamentalismos ideológicos de ribetes sorprendentes.
La apología del libre mercado capitalista, el darwinismo social en curso, la idea de progreso sin límites, constituyen una verdad cerrada en sí misma que está llevando a la humanidad -como no se había visto anteriormente en la historia- a callejones sin salida.
Sin dudas resulta un fundamentalista peligroso aquél que, en nombre de un determinado ideal, puede hacer estallar un coche-bomba o inmolarse con un explosivo a cuestas y matar a innumerables inocentes. Pero igualmente resulta peligroso -sin dudas, mucho más peligroso, por el grado de poder universal de que dispone- el fundamentalista ideológico que puede programar un ajuste económico jugando con grupos humanos como variables numéricas, o programar y llevar adelante una guerra hiper tecnificada tras una computadora.
En nombre de los dioses (cualquiera: Jehová, Thor, Zeus, Quetzalcóatl, el mercado, la revolución proletaria internacional) se ha matado y se sigue matando a seres humanos con la más absoluta frialdad.
Es mejor no estar tan seguro de nuestras verdades; es mejor dudar a veces.