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 EDITORIAL
22/12/2017
Postales de una jornada de protesta
Necesitaba contártelo…
Por: Gustavo Efron

El director de Nueva Sión relata en primera persona la experiencia que vivió durante el cacerolazo que se produjo cuando se debatía la reforma previsional. Luego de las escenas producidas en el Congreso, con la multitudinaria protesta social y represión que hacía tiempo no se veían, en horas de la noche miles de manifestantes salieron a las calles de toda la ciudad para expresarse con un contundente ruidazo.

Voy a relatar una experiencia que tal vez pueda decirse que fue inútil, que tal vez no consiguió el efecto esperado, al menos en lo inmediato…. Pero los olores sociales, la atmósfera, el espíritu de un tiempo se respira. Y esa respiración se percibe más allá de las razones.
Lo que te quiero contar es que fue para mí impresionante y emocionante estar en la calle Corrientes en la madrugada de este martes, con una increíble procesión de gente caminando, en bicicletas, golpeteando lo que se pueda, autos, motos, bocinazos, ruidos, cantos. Todos rumbo al Congreso. Nos mirábamos las caras, nos saludábamos: había bronca contenida, energía vital…  Y la sensación compartida de que no nos van a robar la alegría.
Escribí unas primeras líneas desde la calle, aún sorprendido. En medio de ese torrente, en medio de esa adrenalina casi inexplicable… No eran sólo cacerolas, pero sí era ese tipo de manifestación tan propio de los careroleros, sólo que ahora se había vuelto en contra del gobierno. Un puñal en su propio modo, en su modalidad… Lo cual nos hace entender que nunca algo nos es totalmente propio. Ni siquiera el color amarillo es suyo (a mí era un color que me gustaba, ¿por qué me lo van a robar?). En esta vida, en última instancia, siempre llevamos lo puesto y casi todo está de prestado.
La verdad es que creo que esto no lo esperaba el poder. Que no esperaba una reacción del corazón de la clase media en la ciudad porteña… Esto ya no era estigmatizable como “los violentos” de la plaza (cuyo foco descarado en los medios hegemónicos pretende deslegitimar la protesta de cientos de miles de personas). Claro que no alcanzó… Claro que volver atrás esta vez era una señal de debilidad demasiado indigerible a tan poco tiempo de haber ganado las elecciones, con el capital político que ello implicó. No alcanzó, y aun así, la amargura de sentir el avasallamiento se mastica con otro sabor.
Porque fue un desafío más -quizás cualitativamente diferente- al “si pasa pasa…”, y esta vez “pasó”, pero la historia tiene movimiento… Nunca se queda quieta y los protagonistas no podemos advertir su velocidad, como cuando viajamos en un auto y vemos el camino por la ventanilla. Lo que sí podemos es oler el espíritu del tiempo, otras fragancias, otras temperaturas…  “La vida sólo puede ser comprendida hacia atrás, pero únicamente puede ser vivida hacia delante” nos decía el filósofo Soren Kierkegaard, y eso nos habla la irreversibilidad del sentido de las cosas, cuyo vértigo es difícil de capturar.
Lo que viví esta madrugada fresquita, las miradas que advertí, los sonidos que encarnaron en mí, me llevaron a otra música, hay “algo” inenarrable que se produce en el ambiente, algo cuya profundidad es aún difusa, que se sitúa en el orden de la vivencia,  de la acción… No son palabras, son sentidos… No surgen de la cabeza, sino de las palpitaciones… Tal vez sea sólo una percepción signada por la ingenuidad, quizás sea aquel “pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad” de Antonio Gramsci. Pero necesitaba contártelo…

 
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