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 REPORTAJES
20/03/2017
Karina Finkielsztein, rabina que ofició el primer casamiento judío de dos mujeres
Amor para todxs

El año pasado la comunidad judía argentina protagonizó un verdadero hito en su historia, con la celebración de la primera ceremonia de matrimonio judío –jupá- entre dos mujeres. Nueva Sión entrevistó a Karina Finkielsztein, la rabina que condujo el rito, para conocer los fundamentos y el proceso que llevó adelante, que no sólo incluyó la cuestión de género, sino la vieja y conocida temática de la conversión.
“Creo que lo más importante de todo esto no es el hecho de que se haya realizado una ceremonia gay en una sinagoga, sino que se haya constituido un matrimonio igualitario en el seno de una comunidad que pudo decidir qué tipo de judaísmo quería vivir, y las incorporó- señaló Finkielsztein -. Y al día de hoy si ellas deciden formar familia, tener hijos, ya estén integrados en una comunidad”.
Por Leonardo Naidorf *

El encuentro se da de un modo relajado. Desde hace unos meses, Karina Finkelsztein decidió dejar de lado su actividad institucional  -desarrollada  en la Nueva Comunidad Israelita (NCI), ubicada en el barrio de Belgrano-, para priorizar nuevos proyectos, entre ellos la continuación de estudios de posgrado en la Universidad de Buenos Aires, donde se licenció en Ciencias de la Educación.
NS: Cómo comenzó el proyecto de una jupá entre dos mujeres.
KF: Todo esto empieza hace tres años con la llegada de estas chicas junto con el presidente de JAG que es la asociación LGBTT de la comunidad judía argentina. Gustavo (Michaníe), que era el presidente de JAG en ese momento, me preguntó si podía decir una brajá (bendición). Ellas se iban a casar por civil y querían tener una bendición religiosa. Todo el trabajo que tiene que ver con la inclusión de la homosexualidad dentro la comunidad judía es algo que vengo realizando hace mucho tiempo desde que estaba en la comunidad Or Israel (en Caballito). Ese trabajo es el de incluir a las personas en la vida comunitaria, que para mí es lo más importante que hay que lograr: que formen parte de una comunidad, que sean reconocidos, que puedan participar, que puedan ser necesitados y que brindar su trabajo amoroso. Ese para mi es el objetivo más importante, más allá de las elecciones sobre todo sexuales, que es un aspecto que hace a la vida íntima de las personas. Cuando Gustavo me hace esta pregunta yo ahí me entero que una de las dos chicas no era judía, y esa para mí era una primera dificultad. Yo pertenezco al Movimiento Conservador y de ninguna manera iba a participar de una jupá intercultural.
NS: La cuestión interconfesional se presentaba como un problema mayor al de la cuestión sexual.
KF: Claro, es que para mí lo sexual no era un problema. De hecho ya había participado de varios Brit Ahavá (Pacto de amor), que son compromisos que se hacen entre hombres, inventado por el Movimiento Reformista en los Estados Unidos, que es un compromiso de respeto, de amor, de cuidados. Nunca fue para mí un problema la cuestión de la homosexualidad en la comunidad judía. Ahora, la jupá ya era otra cosa. Lo primero que les dije era que estaba dispuesta a acompañarlas en el proceso, pero que de ninguna manera iba a realizar un matrimonio intercultural. “Piénsenlo, lo pienso yo y en unos meses nos volvemos a encontrar”. Finalmente, la parte no judía decidió incorporarse a la vida comunitaria. Les dije que para mí no había tiempos, que no me importaba que cuando era la ceremonia civil, que nos teníamos que poner a trabajar, que se entere la gente de la comunidad, que las quieran. Fue un año donde ellas vinieron a todas las tfilot (servicios), a todos los jaguim (festividades), se transformaron en voluntarias de la comunidad. Al mismo tiempo Vicky (la parte no judía de la pareja), empezó a hacer su trayecto de conversión en el Seminario Rabínico Latinoamericano.
A todo esto venía el casamiento civil de ellas y me pidieron que esté en la fiesta. Lo que yo podía hacer era una havdalá (ceremonia que se realiza al finalizar el sábado), y esto generó un ruido.
NS: ¿Un ruido dónde?
En la comunidad. Pero como yo sabía que esto iba a generar ruido, vino el Presidente, la Comisión Directiva, vinieron voluntarios. Sergio (Bergman, de  la Fundación Judaica, a la que pertenece  NCI) sabía de esto, no estaba ahí físicamente pero de hecho mis primeras conversaciones sobre si esto se podía hacer o no fueron con él. De ninguna manera, si la institución no hubiera estado de acuerdo yo hubiese hecho algo en contra de la comunidad.
Así se fueron incorporando, Vicky terminó su proceso de conversión en el Seminario Rabínico después de un año y medio, en el que en paralelo había hecho otro curso con el Rabino Moguilevsky del Templo de la calle Libertad. Estaba súper preparada, charlamos sobre eso. Tuvo su mikve (baño ritual) tuvo su Beit Din (Tribunal Rabínico), todo bien. Pero llegaba el momento de resolver el tema formal, porque todo lo que dependía de ellas lo habían hecho. Es ahí que la comunidad se empezó a preguntar si estaba de acuerdo con la jupá o no, es decir bastante más entrado el proceso de incorporación de ellas a la comunidad.
NS: Cuando decís la comunidad, ¿en qué ámbitos se dio la pregunta?
KF: Primero en el espacio de Comisión Directiva, y luego en el ámbito de la vida comunitaria. El tema es que en ese ámbito ellas ya estaban incorporadas como familia. Por eso me parece que fue sabio de nuestra parte no imponer de la nada la pregunta por la jupá, sino primero integrarlas a la vida de la comunidad. Ya las querían, ya eran parte.
A mediados del año pasado comenzó entonces la discusión respecto de esta cuestión. Algunas personas estaban a favor y otras en contra. Yo ya me estaba retirando, ya había anunciado que me iba. Fue el Rabino (Ari) Bursztein quien comenzó el proceso de estudio con la comunidad acerca de las halajot (leyes judías) y las responsas del Movimiento Conservador, referido al matrimonio homosexual. La comunidad pasó por un proceso de estudio muy importante, cada uno pudo votar y decidir. Hubo dos asambleas de socios para consultar. En la primera asamblea, algunos dijeron que no. En la segunda, luego de haber estudiado y participado nadie se opuso, y entonces la jupá se realizó.
Creo que lo más importante de todo esto no es el hecho de que se haya realizado una ceremonia gay en una sinagoga, sino que se haya constituido un matrimonio igualitario en el seno de una comunidad que pudo decidir qué tipo de judaísmo quería vivir, y las incorporó. Y al día de hoy si ellas deciden formar familia, tener hijos, ya estén integrados en una comunidad.
NS: ¿Qué pasó con el Movimiento Conservador?
KF: En el Movimiento Conservador hay un comité de ley que redacta una resolución, que es sancionada por los rabinos que integran ese comité con votos a favor y en contra. Luego los rabinos del movimiento tienen la libertad de decidir si se basan en la opinión de los que votaron a favor o de los que votaron en contra.
En 2012 se votó la responsa que avala la jupá gay con ciertas modificaciones en la ceremonia. En la jupá tradicional se habla de un hombre y una mujer, y entonces no podés igualar la ceremonia que está basada en otras relaciones.
NS: ¿Pero es un cambio sólo en la terminología o tiene otras implicancias?
KF: Es un cambio conceptual. Por ejemplo en la jupá gay no hay ketuvá (contrato matrimonial según la ley judía). Porque la ketuvá, es un documento legal que posee la mujer en caso de que un hombre la deje para demostrar que estaba casada. Habla de las responsabilidades del hombre para con la mujer. Entonces la ketuvá entre un hombre y otro hombre ó entre una mujer y otra mujer, no tiene sentido. Lo que se escribió es un Brit Ahavá, que es un pacto de compromiso y fidelidad. Romina Charur, que es una de las integrantes de la pareja que se casó, en algunas entrevistas decía que firmó una ketuvá. Ella sabe que no firmó una ketuvá, pero le gusta denominarlo así al Brit Ahavá, aunque legalmente no son lo mismo.
NS: En esas declaraciones, lo que Romina ponderaba de esta ceremonia era el respaldo legal que podía tener frente instancias comunitarias como las escuelas judías, o mismo frente al cementerio.
KF: Acá tenemos un problema, porque todas las denominaciones dentro del judaísmo en Argentina tienen otro pensamiento acerca de esto. El mundo ortdoxo, en todas sus variantes, no van a aceptar esto –al menos por ahora-. La realidad es que si ellas van a ir a una escuela de formato ortodoxo no van a ser aceptadas. Si son instituciones asociadas al Movimiento Conservador puede ser que sí, pero si el rabino que esté en ese momento tiene algún prurito puede no aceptarlo. De todos modos creo que ningún rabino del Movimiento Conservador se atrevería a dejar un chico sin su educación judía.
NS: Ahora, entre las mujeres desde el punto de vista halájico el problema de la descendencia estaría salvado por el vientre, pero en el caso de los hombres sería más complejo.
KF: Sí, es más complejo en ese caso. Yo creo que era más fácil porque se trataba de dos mujeres.
NS: Finalmente, ¿qué pasaba si la comunidad no aceptaba la jupá?
KF: No se hacía. El tema es que si la comunidad no hubiese aceptado el proceso no se hubiese llegado a esa instancia. Por eso fue muy importante todo lo previo. Incluso el acompañamiento de Sergio (Bergman). Porque por más que él ante los medios diga que no está de acuerdo, si él no hubiese dado esa posibilidad no se hubiese logrado.
NS: ¿Y esta jupá ya funciona como jurisprudencia o es un caso aislado?
KF: Yo creo que sí porque de hecho después se realizó una jupa entre dos hombres en la comunidad Or Israel donde uno de los integrantes de la pareja es el futuro rabino de esa comunidad. El problema siempre es el primero.
De todos modos, insisto en que lo más importante es que el proceso haya sido comunitario, y si hubiéramos impuesto una situación que no haya sido previamente vivenciada por la comunidad habríamos ido en contra de sus principios, en cambio de este modo aseguramos que no sólo se avale una ceremonia sino que realmente estén integradas a la comunidad, sean respetadas, queridas, y no miradas como algo raro. Los judíos somos eminentemente comunitarios y necesitamos de estos procesos.

* integrante de la Mesa de Redacción de Nueva Sión

 
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29/03/2017 / Eliseo Pardo
A diferencia de lo que sucede con el pensamiento, los úsos y costumbres, o cualquier otra forma de hábito adquirido, las Leyes dadas por El Eterno a Israel y por extension a la humanidad, no son suceptibles de ser modificadas por éstos, cualquier que pueda ser el pretexto que a tal fin utilicen, ni la libertad que afirmen tener para hacerlo...
El varon será para la mujer, y ésta para el varon, ése y no otro es el orden establecido por Ha Shem, y todo lo que a él no se ajuste, queda de facto invalidado ...
De igual modo, el varon fue tambien designado para acometer la labor rabínica (o pastoral en el caso de los cristianos) es decir de ministrar aquello que El Eterno puso entre sus manos, en lo tocante a la aplicacion de Su Ley, en todos y cada uno de sus apartados ...
La mujer en cuanto a ella, es llamada a misiones igualmente importantes, en un contexto de complementariedad , y no de substitucion o remplazo ...
Insisto pues, que no hay lugar para debates "sexistas" interesados ni polémicas absurdas, y si para una reflexion en profundida, acerca de los principios de fé y obediencia que animan a los que se dicen dispuestos a poner en práctica los mandamientos y preceptos de la Ley Divina, La Cual es inalterable ... todo lo que extralimite estos parametros; debe ser objeto de "otro debate" ...


28/03/2017 / Juan Carlos Crespo Gómez
Es nula esa unión ante los ojos del Eterno.


28/03/2017 / Ricardo Lapin
believe it or not






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