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 HISTORIA
08/10/2016
Repercusiones de la guerra civil española en Palestina
Los brigadistas internacionales judíos
Por: Darío Brenman

En un trabajo realizado por el historiador Raanan Rein sobre la participación de brigadistas judíos en la Guerra Civil Española, se indagaron las implicancias que tuvo ese conflicto en los judíos que vivían en la Palestina del Mandato Británico. Se estima que de los 35.000 extranjeros que lucharon para intentar frenar el avance del fascismo en Europa, casi 8.000 eran judíos. Las motivaciones y el rol que desempeñaron estos voluntarios en el conflicto bélico que antecedió a la Segunda Guerra Mundial fue silenciado desde el campo sionista, cuyo objetivo era impedir que los jóvenes emigren de Palestina en un contexto donde estaba en juego la creación del Estado Israel.

Las reacciones en Palestina frente a la Guerra Civil Española fueron dispares ya que algunos en la derecha sionista simpatizaban con los rebeldes nacionalistas que intentaban alejar al país ibérico de la ‘amenaza comunista’. Otros prefirieron mantenerse neutrales, siguiendo el ejemplo de Gran Bretaña, a quien la Liga de las Naciones había encomendado el mandato sobre Palestina. ‘No obstante, la mayoría manifestó su apoyo al bando republicano, para el que recaudaron fondos, alimentos y medicamentos para mitigar sus necesidades’, sostiene Rein.
Si se toma en consideración la cantidad de la población judía de Palestina, el número de voluntarios que partió hacia España para combatir por la República fue considerable. La gran mayoría de ellos eran comunistas. Por otro lado, la izquierda sionista rechazaba esta idea ya que su objetivo era poder dedicarse a la lucha entre judíos y árabes en medio de una rebelión árabe nacionalista.
Sobre el tema de las Brigadas Internacionales se ha escrito muchísimo tanto en textos académicos como de divulgación. Los que es públicamente conocido es que 35.000 voluntarios extranjeros de 54 países intervinieron en la Guerra Civil española para frenar el avance del fascismo en Europa. Lo que no mucha gente sabe es que casi 8.000 judíos estuvieron en esa guerra y que 200 hombres y mujeres dejaron Palestina un sitio al que llegaron huyendo del antisemitismo europeo con el objetivo de luchar contra una ideología que planeaba borrarlos de la faz de la tierra.
La intervención de los judíos en la Guerra Civil se realizó a partir de su propio batallón, la Unidad Botwin.
Esta historia fue sistemática ignorada o silenciada tanto por los sionistas, cuyo objetivo era impedir que los jóvenes emigren de Palestina en un contexto donde estaba en juego la creación del Estado Israel (el 99% de los voluntarios tenían menos de 33 años), como por los comunistas, que desaprobaban la ocupación judía en la región.
En los últimos años este secreto salió a la superficie a partir de una serie de cartas que fueron apareciendo donde los brigadistas les escriben a sus familiares sobre la experiencia en España y que fueron rescatadas por Raanan Rein para este trabajo.

De la mayoría de los jóvenes judíos que emigraron a España desde Palestina, sólo tres de ellos nacieron en la región y eran miembros del Partido Comunista de Palestina (PCP). Por lo demás la mayoría de los brigadistas eran alemanes e italianos que se habían escapado del fascismo, polacos que huyeron de la dictadura de Pilsudki y rumanos que abandonaron su país perseguidos por la Guardia de Hierro.
Los brigadistas judíos que participaron en la Guerra Civil Española tenían en común que además de ser comunistas estaban convencidos que en Palestina se estaba reproduciendo las mismas desigualdades de clase que habían vivido en sus antiguos hogares. Según Rein, ‘los brigadistas palestinos abandonaron el proyecto sionista porque se sentían alienados en la floreciente sociedad judía de Palestina’.
‘Sólo pasé unos meses en el kibutz’, narra en una de sus cartas Dora Levin, que llegó a Palestina desde Polonia en 1933, con sólo 22 años. ‘No estaba preparada para la vida allí, así que empecé a trabajar en todo tipo de empleos manuales: servicio doméstico, construcción… Vi como los árabes que vivían allí eran explotados. Lo que más me preocupaba es que estábamos tratando de quitarles los trabajos que tradicionalmente eran suyos. Era algo que no podía soportar’.
Esta carta revela el espíritu que primaba en muchos partidarios del comunismo en Palestina. Los referentes sionistas en la región establecieron la política de que ‘un judío sólo daba trabajo a un judío’, esto trajo por un lado la expulsión de los árabes de los territorios colonizados y un conflicto directo con los ideales del PCP, al que pertenecían la mayoría de brigadistas.
Por si fuera poco, en 1934 el militante árabe Radwan al-Hilu fue elegido presidente del PCP. Su prioridad fue luchar contra el imperialismo británico y sionista. Esta situación dejó a los militantes judíos en una posición incómoda. ‘Cuando dejaron Palestina la mayoría de los voluntarios no tenían ni idea de lo que en realidad estaba ocurriendo en España’, sostiene Rein.
Frente a esta realidad, otros de los brigadistas, Arie Lev, sostenía que ‘era muy difícil pensar en dividir el partido, así que España se convirtió en una opción atractiva. Podríamos luchar allí y, al mismo tiempo, escapar del lío que teníamos en casa. Además, no era muy difícil alcanzar la Península Ibérica’.

Desde 1923 las autoridades británicas de Palestina podían expulsar a cualquier individuo sospechada de comunista. A partir de 1936 los ingleses, tenían información que muchos judíos comunistas querían emigrar a España, por eso comenzaron a expulsarlos rápidamente a Francia. La gran mayoría de los brigadistas no se resistieron: ‘el Gobierno de su Majestad pagaba los costes del viaje’.
Fue en París donde los brigadistas tuvieron contactos e información a través de otros voluntarios de las Brigadas Internacionales, y fue allí donde, por vez primera, gozaron de algo parecido a la libertad.
‘Me dijiste que volvería (a Palestina) en unos años’, comenta el brigadista Luba Mamut en una carta que envío a su hermana al poco de llegar a Francia. ‘Dices que los judíos son oprimidos en todo el mundo, la URSS incluida. Bien, no tengo que decir mucho sobre el asunto porque no me he sentido oprimido en ningún sentido. El único sitio en el que me sentía oprimido era en Palestina, donde trabajaba durante horas mientras mi supervisor estaba todo el rato en la cafetería gastando el dinero que había ganado conmigo’.
Sentimientos similares se encuentran en una misiva que envío a su familia Pinchas Cheifetz, uno de los pocos brigadistas que había nacido en Palestina: ‘Como sabes, aquí hay un gobierno del Frente Popular. No es un régimen capitalista clásico, pero queda un largo camino por recorrer para que podamos llamarlo un régimen proletario. Los trabajadores siguen siendo explotados y las diferencias de clase son evidentes. Pero la única cosa de la que todo el mundo disfruta aquí es la libertad. Alguien como yo, que he sido encarcelado y he tenido que ocultar mis verdaderas opiniones, nada más bajar del barco en Marsella quería correr por las calles y gritar: ‘Soy comunista y no le tengo miedo a nadie’.

Uno de los objetivos de las Brigadas Internacionales era dotar al Ejército Republicano de instrucción militar. La realidad es que muchos de los voluntarios nunca habían tomado un arma en su vida; por eso, en los tres primeros meses murieron 400 de los 600 voluntarios de habla inglesa. En las tres semanas que duró la batalla del Jarama murieron 750 de los 1.000 voluntarios alemanes. El destino de los palestinos no fue muy distinto.
A esto hay que sumarle que el Ejército Republicano enviaba a los voluntarios a los peores destinos. David Karon resumió muy bien la situación de la mayoría de brigadistas: ‘Éramos voluntarios, así que, en principio, podían mandarnos donde hubiera un agujero que llenar, donde se necesitara ayuda, donde hubiera un problema y un vacío… En cualquier sitio donde la gente tuviera que morir’.
Los brigadistas tuvieron que enfrentarse con crudeza  a los horrores de la guerra y ‘descubrieron, además, que en la lucha fratricida en la que habían decidido participar nadie era tan idealista como ellos. Los voluntarios andaban buscando al enemigo fascista, pero eran incapaces de distinguirlo entre la población española’, explica Rein.
Los brigadistas se preocupaban por la falta de conciencia política de los españoles, algo que, pensaban, se debía a una falta de formación. Lo que no alcanzaban a entender es que gran parte de los republicanos no se identificaban con el comunismo y, menos aún, con la posición del Comintern (Internacional Comunista). Los republicanos troskistas, anarquistas y liberales apreciaban la ayuda militar de las Brigadas Internacionales, pero no aprobaban su rígida doctrina.
Aunque para la mayoría de los brigadistas pesaba mucho más su condición de comunista y obrero que su origen hebreo, muchos voluntarios quisieron lavar en las Brigadas Internacionales la mala fama que, incluso en muchos círculos izquierdistas, tenía el pueblo judío.
Como explicado Rein, ‘los voluntarios judíos que lucharon en las Brigadas Internacionales fueron a defender una serie de valores e ideales, con la intención de frenar la ola fascista que amenazaba a toda Europa. Pero al mismo tiempo, eran bien conscientes de la historia y les era importante mostrar la valentía judía en tierras ibéricas’.
Según reveló en una carta uno de los brigadistas, Shmuel Stamler, la mayoría de los soldados españoles tenían ideas antisemitas: ‘Un soldado español que servía en mi unidad me dijo que antes de la guerra pensaba que todos los judíos eran mercaderes y ladrones. Y ahora que ha visto a los voluntarios judíos luchar por la libertad hombro con hombro con los soldados españoles está orgulloso de ser nuestro compañero’.
Muchos de los voluntarios también eran conscientes de la penosa historia de los judíos en España pero, como cuenta el autor de la investigación, tenían sentimientos encontrados: ‘La actitud de muchos judíos hacia España en los siglos XIX y XX se caracterizaba por la ambigüedad. Por un lado existía un rechazo hacia el país que los había expulsado y donde había imperado la odiada Inquisición; por otro lado existía también una cierta nostalgia colectiva hacia un período de esplendor, prosperidad y creatividad judía durante la España medieval’.
Ser judío y comunista en aquel momento, era una doble identidad que acarreaba muchas dificultades. Como ha explicado el autor de la investigación, la suerte que corrieron muchos de los brigadistas judíos dependió de distintos factores: ‘Algunos siguieron la lucha antifascista durante la Segunda Guerra Mundial y murieron en los campos de batalla o en campos de concentración; otros pudieron volver a sus países de origen, donde durante la Guerra Fría a menudo fueron considerados como traidores comunistas; varios se fueron a la Unión Soviética, donde su imagen heroica cambió a los pocos años y su experiencia en España a menudo levantó sospechas acerca de su posible contaminación por conceptos liberales o capitalistas; y varios encontraron el camino hacia el Estado de Israel por distintas razones’.
La historia de estos luchadores, explica el doctor Rein, aporta hoy una importante lección: ‘Fue una expresión de solidaridad transnacional que nos alimenta de una esperanza para un futuro mejor’.

 
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Comentario

 
14/10/2016 / Ricardo Lapin
Con todos los respetos al trabajo realizado por el doctor Rein, la gran investigación histórica de los brigadistas judíos y del ishuv eretz-israelí la realizó el director de la División de América Latina, España y Portugal en la Universidad Hebrea, Haim Avni, en conjunto con Ibáñez-Sperber, doctora en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, y que dieron como resultado la Exposición en Jerusalén sobre los judíos de las Brigadas Internacionales (17 de febrero de 2003), con disertaciones y testimonios de los entonces varios sobrevivientes (hoy ya deben haber muerto los últimos),y exposición de objetos, banderas, diarios y documentos.




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